Uno de mis universos postapocalípticos favoritos es el de los Zombis. Me encanta todas las posibilidades que tiene y es que por muy mala que sea la película, el propio concepto de Zombi ya lleva intrínseca una identificación con aspectos de nuestras vidas cotidianas actuales, como el instinto que nos mueve a conseguir algo a toda costa (ej. Dinero); La forma de habitar el tiempo que en muchos casos es un deambular accionado por la inercia social; Preguntarnos qué seríamos capaces de hacer en una situación límite y si esa persona es quién somos ahora o quién nos gustaría ser y nunca seremos; Incluso nos sirve como aprendizaje para identificar que nuestros valores, por fuertes que creamos que son, según las circunstancias, pueden que cambiar para sobrevivir.
Estos aspectos están guais por la carga filosófica que llevan asociada, pero es que le genero de Zombis es tan rico que te permite combinarlos con otros más triviales, o más físicos si lo prefieres, como la violencia extrema, el gore, las persecuciones, la tensión y las subidas de adrenalina que produce el miedo irracional.
Gracias a mi cuñado Juan he descubierto esta Train To Busan que, a pesar de mis múltiples incursiones en los mundos llenos de Zombis, no había tenido el placer de ver. He de decir que pertenece más al segundo grupo de películas que he descrito, las físicas, que las primeras, las filosóficas.
Tiene muchos clichés del género, sobre todo con los personajes estereotipados que no valoran sus vidas hasta que las ven peligrar y las moralejas facilonas. Pero prefiero centrarme en la frescura que sí aporta ante un tipo de arte saturado como el de los muertos vivientes.
Es trepidante, desde el momento que aparece el primer zombi hasta el final. Pero trepidante de verdad, sin dar un respiro al espectador o respiros muy cortos como en una rutina de Patri Jordán. Si te descubres con las manos apretando los brazos del sofá o cualquier cojín que hayas pillado sin darte cuenta por la casa, no te sorprendas, la peli es así.
Esta filmada con gusto. Tiene escenas realmente brillantes, casi parece anime más que una película con gente de carne y hueso, que destilan sensibilidad a pesar de las circunstancias.
Los zombis molan mucho. No solo corren, lo que se agradece, sino que los movimientos que hacen están logradísimos, sobre todo en las transformaciones. Un 10 a los extras en este aspecto y al maquillaje. El vestuario es un poco más cutrecillo pero cumple.
En resumen, una de zombis que te atrapa durante el tiempo que dura y no te deja casi ni respirar. Una grata experiencia.
PD: Tiene una precuela que sí es anime, Seoul Station, de la que me gustaría decir que merece la pena, pero a mí no me ha dicho nada, ni a nivel técnico, ni a nivel guión. Es del mismo director, Yeon Sang-ho, por si a alguno le interesa.

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