Rogue One era la única película de Starwars que me quedaba
por ver antes del estreno de Los Últimos Jedis (Diciembre 2017). El motivo de esta tardanza no
ha sido otro que el desanimo generalizado de mi ser después de transitar el
desierto con un sólo oasis de los episodios I, II y III y la burda copia tamaño
XXL de comida rápida de El Despertar de la Fuerza con respecto al Retorno del Jedi.
Con este panorama y unos 30 primeros minutos de película
bastante flojo hice como Indiana Jones (afortunadamente no sale en esta) con su salto de fe y... ¡sorpresa! La
mejor Starwars de la era moderna. Todos los que, como yo, hayáis perdido la fe
por culpa de cosas como los midiclorianos, el episodio II íntegro, las razas bobaliconas
tipo Naboo, malos como el innombrable y cara verga (perdón por la expresión)
K**o R*n, o que un soldado imperial, independientemente de la raza que sea, negro, tenga la capacidad de utilizar un sable de luz sin un atisbo de Fuerza en su adolescente cuerpo
hormonado sólo porque el resto de protagonistas eran blancos, os animo a ver Rogue One.
Tampoco os voy a engañar, es una película fundamentalmente
de acción que se sujeta sobre un argumento justito pero que le sobra para
generar escenas de tensión trepidantes que hace mucho que desaparecieron de
este universo Starwars. Dejando a un lado las típicas licencias de mala
puntería, decisiones absurdas, nula estrategia militar de las que siempre ha
adolecido la saga, la película es muy disfrutable a partir del minuto 36 más o
menos.
Hay secundarios metidos con calzador pero que enganchan, hay
estética Starwars retro pero modernizada en su justo equilibrio, hay espíritu
revolucionario, hay muchos tipos de tropas y en cantidad, hay protagonismo de
los X-Wing otra vez, pero sobre todo hay carisma, no sólo en la pareja protagonista
(mucho mejor Felicity Jones que Diego Luna aunque se arregla hacia el final),
sino en el resto de personajes, sobre todo de la alianza, que siempre parecen
pusilánimes y bobos y aquí actúan según su rango.
Los efectos especiales están bastante bien contra todo pronóstico. Por fin las batallas espaciales te enganchan poniendo la calidad de la acción por encima de la cantidad inocua de navecitas intrascendentes (aunque se pasan un poco con los Tie-Figthers). Y mención especial para las actuaciones computarizadas de Peter Cushing y Carri Fisher que molan mucho y la banda sonora que cumple, esto sí que, como siempre.
En resumen, después de esta "reedición"
marketinera de Starwars, que llevamos sufriendo desde la friolera de 1999 desde La
Amenaza Fantasma, y dejando a un lado los excepcionales videojuegos ofrecidos desde entonces, Rogue One es un pequeño pero necesario respiro. La recomiendo a los amantes
de la saga y a los apóstatas que aún les queden ganas de darle una oportunidad.
Tampoco pasa nada por no verla pero sentir esos pelillos de punta tan
característicos de Starwars aunque sea solo unas tres o cuatro veces pues igual
merece la inversión de los casi 120 minutos de metraje.

A mí me gustó también. Y coincido con el desánimo creado desde la sagrada trilogía inicial. Aún así hay mucho rescata le en estas 4 últimas entregas. De Rogue One, que la vi en el estreno y apenas recuerdo sensaciones, hay al menos 2 personajes que bien merecían presencia fija en las "pelis grandes". Buena crítica, Mr Equanimous
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