Por fin tuve la oportunidad de verla. Generalmente al oír el
nombre de Lars Von Trier ver su película me da una pereza suprema pero a su vez
despierta en mí una curiosidad a la que es difícil resistirse, por lo que a la
larga o la muy larga la acabo visionando.
Lo primero que disgusta de Nymphomaniac es su marketing. He
elegido esa portada de arriba porque es uno de los mayores ejemplos de tratar
de vender una cosa y que sea otra. Que el gran reparto de esta película salga
con cara de orgasmo en la portada con el simple objetivo de atraer el morbo del
espectador cuando lo que hay en la cinta es algo radicalmente opuesto al morbo
es algo que aún no me explico. Supongo que el responsable de marketing quebrantó
la voluntad del director o es que al director ya le da igual lo que pretende
transmitir con su obra y todo su esfuerzo es monetizarla. A ver sexo hay y mucho pero en ningún caso con la intención orgásmica de parecer una peli porno.
Dicho esto la película es extrema por el ataque sin paños calientes que hace a los tabúes socielaes a los que estamos acostumbrados. Ahonda
en las dificultades de ser adicto en una sociedad que no lo tolera, incluso lo
desprecia. Las primeras escenas invitan a ver el resto del film desde el no
juicio gracias al personaje de Stellan Skarsgård, que lo clava. Es imprescindible salir en
tercera persona de tu cabeza y olvidarte de la sociedad en la que vives, los
clichés, los prejuicios, y demás vendas que nos vienen impuestas para tratar de
comprender la historia como el director la muestra. Aún así, y desde ese punto
de vista tan complicado de alcanzar, hay partes que no están bien hiladas y las
prisas (aunque sea larga) o la dificultad de hacerlas entendibles deja visibles
algunas costuras del argumento.
Son 4 horas de metraje enfrentando constantemente las cosas
que consideramos intocables y puras en la vida, si nos son impuestas o las elegimos y
como se pueden afrontar desde una adicción tan natural como rechazada
socialmente. Temas como la maternidad incondicional, la pederastia, la
violencia como acto de bondad, el amor sin adornos y sin vilipendios adquiridos
por inercia, la curiosidad enfermiza, el machismo acomodado y por ende
camuflado, la traición según versiones, la hipocresía o el tabú sexual, se
tratan siempre desde ese no juicio y con intensidad, sin superficialidad. Algunos
con más acierto y otros con menos.
En cuanto al apartado técnico y al elenco de actores que participan no hay mucho que decir, es impecable y un soporte perfecto para lo verdaderamente importante a un director que es que lo que se cuenta llegue al espectador de la manera planificada en cada momento.
En resumen, una peli larga que no se hace pesada, que solo
es disfrutable desde la autoconfrontación de nuestros valores y la realidad sin
juicio, que es muy extrema en sus intenciones como es normal en el director y
que no es recomendable para aquellos a los que no les guste remover sus ideales más
profundos, aunque desde aquí animo a que siempre se haga. Lo peor que puede
pasar es que cambies algo a mejor y si ya es bueno reforzarlo.

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