La mayoría de las veces olvidamos cómo los pequeños detalles
pueden cambiar nuestras vidas. Es una obviedad, una frase manida, pero no por
ello deja de ser cierta. Y lo mejor es que muchos de esos detalles ocurren a nuestro
alrededor sin que nos demos cuenta. Seguimos mirándonos el ombligo, dando
máxima importancia y prioridad a nuestras acciones por encima de las de los
demás, y a los eventos que nos afectan y no controlamos los llamamos suerte.
Estamos ante un libro afable. Muy ameno de leer. Sin largas
peroratas existenciales pero con trasfondo y trascendencia, algo que es de
admirar. Cada personaje de la historia es un cuadro que nos dice cosas si lo
miramos de pasada y que nos detalla cada personalidad si fijamos la mirada en
las pinceladas. La historia en su generalidad no tiene grandes alardes pero
funciona bien, atrapa y quieres seguir leyendo, con especial mención a la
resolución final del libro, brillante por inesperada, lógica y certera con el
mensaje.
El mayor pero que tiene es que los giros intermedios de la
historia o rayan los límites de la casualidad que te permiten las
licencia literarias o traspasan la línea roja del culebrón y el melodrama. Lo
positivo es que el autor, no sé si a propósito o por azar, utiliza estos
excesos para moralizar la historia al final de una manera cuanto menos
efectiva.
En resumen, un libro sin pretensiones, amigable, ligero,
cortito y con una buena capa de "Karma" que da que pensar.
Recomendable sin duda.

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