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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

lunes, 16 de octubre de 2017

Nadie Quiere la Noche (Película)

Nadie Quiere la Noche es una de esas películas que te pueden dejar indiferente al principio pero que también te puede dejar un poso difícil de tragar que cómo un caramelo relleno tienes que ir chupando despacio para llegar a un corazón de sabroso liquidillo dulce.

Narra una historia de exploración del polo norte en un contexto histórico real (Robert Peary y Josephine Diebitsch) que se utiliza de salvoconducto para atacar el verdadero core del film, los personajes, la supervivencia extrema, sus motivaciones y el desenlace emocional final.

Todos los personajes principales, los secundarios no Inuits no molan mucho (quizás el doblaje), tienen mucho que decir y que aportar y así lo hacen. Están trazados con esmero y cuidadoso detalle. La altiva Binoche incapaz de disociar el manto de irrealidad del mundo "civilizado" y la percepción emocional que te hace mejor persona, el siempre impecable Byrne representando al nihilista talentoso con poco o nada que perder y la inocente, pura y sistémica Kikuchi (quizás la más floja de los tres en performance que no como personaje). De cada uno se puede sacar algo y lo que saques lo podrás añadir al final para endulzarlo o amargarlo según te apetezca.

Destacan también la fotografía y la dirección de Coixet (no al uso) dado el grado de complejidad de los escenarios. El pero fundamental es que el aura general de la película no es atractiva y no genera empatía suficiente provocando que sin saber porqué quieras dejar de verla por un aburrimiento que en realidad no existe.

En resumen, una película a la que la mayoría del público aprobará sin más y que tendrá suspensos estrepitosos y alabanzas grandilocuentes a partes iguales. Mi recomendación es verla en una noche lluviosa, con mantita y con el estado de ánimo ni flojo, ni fuerte, tirando a triste. Desde ahí se puede paladear bien. Si te la pierdes tampoco pasa nada.

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