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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

jueves, 31 de agosto de 2017

La Juguetería Errante (Libro)

Uffff. Por fin he terminado La Juguetería Errante. Un libro de 1946 que había comprado en una Feria del Libro por ir de cultureta y posturear un rato. Me ha costado la friolera de 6 meses acabarlo pero me había prometido a mí mismo, movido sólo por el orgullo, que lo iba a terminar. La dificultad fundamental que he encontrado es que ha sido el único libro que he leído que me produce un tremendo sopor, independientemente de la hora del día o el estado de ánimo. Esto puede ser una ventaja para el insomne pero no para mí que tenía como objetivo acabarlo. 

La historia es lenta, la trama intenta ser rebuscada, pero como esos complicados nudos que se deshacen solos tirando de los extremos, no deja de ser sosa y previsible. Los personajes pedantemente cultos y demasiado estirados, incluso caricaturizables por momentos. Chistes forzados y sin gracia... Todo esto hace que el fluir de la narrativa sea como membrillo por las venas, lento y doloroso a cada paso. Bien es cierto que al mirarlo con perspectiva y considerando que es una obra "maestra clásica de la novela policiaca inglesa", según la contraportada, de mediados de siglo XX soy capaz de perdonar algunas escenas, originales en la época, pero terriblemente manidas en pleno siglo XX o reconocer la intención de algún chiste de extrema ingenuidad si lo cuentas en 2017 (algo así como los chites de Jaimito).

Pero cómo de toda experiencia se saca algo positivo os diré que se puede aprender mucho de las tendencias de la época de un libro fijándote sólo en cómo está escrito, sus expresiones políticamente incorrectas pero sin intención de herir (simplemente era algo normal) y el sentido del humor casposo, pudoroso y verde a la vez. Hoy en día a toda vergüenza del pasado, que estaba considerada como algo normal para ellos, le ponemos adjetivos duros y muy negativos pero a las vergüenzas socialmente aceptadas de hoy en día nadie les pone adjetivos de ningún tipo por el simple hecho de que nadie se para a pensar que son vergüenzas al mismo nivel o más que las del pasado.

Se habla de la horca como algo normal y hay un clasismo notable en las escenas con servidumbre (los protagonistas son escritores o detectives de éxito, héroes, no antihéroes) de una forma muy natural, no como cuando se escribe ahora una novela histórica que el trato a la servidumbre se utiliza para reivindicar los derechos del trabajador aunque nada tenga que ver con la historia principal. Y es machista. De principio a fin. Los personajes femeninos o son hermosas damas, ingenuas y algo estúpidas o son las que la lían con sus excentricidades típicas de mujeres. Hasta tal  punto es machismo aceptado que el libro acaba dejando ver que todo lo que te ha contado la novela es una metáfora de la mujer que es, y aquí viene la generalización brutal, voluble, decorativa y vanidosa. Es un final que pega tan poco en un novela policiaca al estilo Sherlock Holmes que te deja pensando ¿y decir esto era normal? Pues a mediados de siglo XX parece que sí.

Lo que me llevo del libro es que las generalizaciones siempre existirán y dependiendo de la época y los grupos de presión y control a veces serán socialmente aceptadas (normales) y otras veces serán motivo de lapidación pública. Ser consciente de esto en un siglo como el XXI es muy jodido. Ya no podréis ver la tele ni leer la prensa nunca más, ni ser machistas, ni feminazistas, ni independentistas, ni terroristas, ni opresores occidentales, ni sindicalistas, ni vegetarianos, ni de Greenpeace, ni veganos, ni naturistas, ni empresarios, ni emprendedores, ni hombres, ni mujeres, ni LGTBI, ni prácticamente nada, porque hoy en día todo es crispación y la crispación desaparece cuando entendemos y vemos nuestros errores y comprendemos entonces los de los demás para ayudarnos mutuamente en vez de apalearnos. Todo lo contrario al mundo de hoy. 

En resumen, una novela clásica británica de 1946 de detectives. Demasiado pedante para que fluya pero que puede tener su público. Siempre habrá alguien que lleve monóculo y hable como Lord Aguafiestington.

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