Que se abstengan de ir a verla los que piensen que lo saben
todo, que el mundo funciona con el clásico sota, caballo y rey y los que nunca se han
parado a pensar para qué estamos aquí si no es sólo para ganar dinero. Aunque,
bien pensado, quizás sea a los que más falta les hace verla.
Captain Fantastic ataca una gran variedad de temas de la
sociedad en la que vivimos que todos sabemos que están ahí pero no nos paramos
realmente a pensar en ellos porque son tan transcendentales que nos da miedo no
tener respuestas al final de la reflexión. Todos vivimos haciendo lo que nos
dicen que tenemos que hacer, tenemos cierta libertad de movimientos y de
elección pero desde pequeños estamos muy dirigidos a una forma de vida, pero nadie nos enseña a perseguir lo
que nos hace felices, lo que nos hace sentir bien que no tienen por qué ser
las cosas que los demás piensan que nos harán felices o son mejores para nosotros.
La película se centra en el pilar de todas estas
reflexiones: La educación. Y utiliza un mecanismo que personalmente me encanta
para determinar el equilibrio de las cosas: Llevar el problema exageradamente al
extremo y sacar conclusiones. El director nos embarca en un extraño viaje en el que en una parada puedes estar totalmente de acuerdo con algo y sin embargo en la siguiente, ese mismo algo, te parezca absolutamente erróneo. La historia principal se
desarrolla en primer plano mientras por detrás, como un velo a veces ligero, a
veces más grueso, se construye una crítica, tan ácida como constructiva, de este primer mundo en el que vivimos.
En cuanto al performance hay poco que decir ya que lo que
sustenta el film es el guión y la dirección. Todos los actores cumplen y Viggo
Mortensen vuelve a demostrar que es (casi) un valor seguro haga lo que
haga.
En resumen, una peli de las que sales del cine lleno de algo
que se va concretando a medida que le das vueltas en los días sucesivos. Eso
sí, hay que verla con el corazón y el espíritu abierto, soñar no está reñido
con trabajar, arriesgar no está reñido con hacer las cosas bien y en definitiva
permitirnos ser felices no está reñido con sobrevivir. Para equilibrarse
primero hay que darse cuenta de que se está en un extremo, ser consciente de qué es útil y qué no de lo que llevamos con nosotros y quedarnos sólo con aquello que nos haga sentir bien.

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