Serie dentro del género Madres Trabajadoras y Salvadoras en un mundo hostil. No aporta nada al espectador más allá de contar la cantidad de subvenciones que tienen en EEUU para la gente (o las mujeres) con problemas de exclusión social.
Es un drama a lo grande, todos los hombres que salen son alcohólicos o interesados (hasta el bueno) y todas las mujeres son víctimas de algo que justifica su comportamiento. Incluso el único personaje femenino que es antipático se transforma de la noche a la mañana en un ángel caído del cielo gracias, como no, a ser madre.
Lo único salvable de la serie es la sensación de incertidumbre que genera al principio: ¿Qué haríamos nosotros si nos encontráramos en una situación tan al borde del abismo? y la importancia de perdonar o no a alguien que ha hecho algo atroz hace muchos años ¿Es posible? ¿Es sanador?
Sin duda el primer capítulo es el mejor, luego se suaviza y la protagonista no está tan obligada por el destino como quieren aparentar los guionistas sino que su abanico de opciones crece lo suficiente para perder interés dramático al tomar caminos incoherentes.
Cabe destacar la actuación de Andie MacDowell a la que se le da fenomenal hacer de loca. Margaret Qualley empieza muy bien pero luego acaba hasta cayéndote mal, a pesar de ser la heroína. Y la niña, Rylea Nevaeh Whittet, un pedazo de pan. Para comérsela.
En resumen, un drama clásico de familia, desestructurada por el alcohol y los malos tratos, con pocos recursos vista desde el prisma Netflix. De más a menos. Es corta, 10 episodios de 50 min.

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