Acertadísima recomendación de mi cuñada Inma. Como siempre, todo lo que pasa por sus manos y aprueba merece mi atención.
The Rider es una historia de un fluir tan tranquilo como sobrecogedor. Está basada o, mejor dicho, cuenta una historia real protagonizada, a su vez, por los propios personajes reales. Lo único que cambia es el apellido del personaje central y su familia: Jandreau por Blackburn.
Solo por este detalle tan especial ya merece la pena darle una oportunidad a esta película, pero es que además, tiene mucho más que ofrecer.
La directora china Chloé Zhao es capaz de meternos de cabeza en un argumento que, en principio, puede que no vaya mucho con nosotros (si eres cowboy de profesión y estás leyendo esto sí que irá contigo, pero permíteme que me dirija a la mayoría de la gente).
¿Cómo será la vida en las imponentes Badlands de Dakota del Sur? Caballos, toros, pueblos, gente sencilla y sueños sencillos, se podría responder, pero Esta película rezuma tal sensibilidad que interpola todas esas cosas con cualquier vida de cualquier persona sea de dónde sea y haga lo que haga. Como una fábula. Las cargas que llevan con estoicidad los protagonistas, su dolor, sus dudas, su lucha, se muestran en pantalla de tal forma que te llega. Te metes ahí.
Tiene escenas de doma de caballos, reales, que son memorables, en las que se puede sentir la nobleza de un animal salvaje como el caballo y la destreza emocional que utiliza el vaquero que doblega su salvajismo y consigue algo mucho más profundo. Un vínculo único.
The Rider habla de orgullo, de comunidad/sociedad, del impacto de vivir en una, de sueños, de prioridades, de fortalezas y debilidades, de importancia, de envidias, de sufrimiento, de dureza y finalmente de aceptación.
Si bien es cierto que se puede hacer un poco lenta hacia la hora de metraje por una redundancia mal gestionada del guion, es una película altamente recomendable para ver sin prisa, paladeándola.

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