Descripción de Blog

Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

martes, 28 de abril de 2020

Manual Para Mujeres de la Limpieza (Libro)

En estos días de confinamiento y desconcierto uno no sabe ya ni qué leer más allá de los cursos y aprendizajes técnicos. Afortunadamente si tienes una mujer lectora siempre puedes recurrir a ella para que te recomiende algo. 

Manual Para Mujeres de la Limpieza es un libro “autobiográfico” recopilatorio de relatos de Lucía Berlín que pierde sentido si no conoces al personaje, por eso tanto el prólogo como el epílogo ponen el foco ahí: En la mujer alcohólica, currante, madre, sencilla y analítica de sus propias experiencias. Si a esto le añades que escribe con un estilo mezcla de potencia y desconcierto (distintos pensamientos que luego convergen un párrafo más adelante), y un lenguaje capaz de crear frases a la vez bellas y demoledoras, pues estás ante un producto digno de disfrute. 

Los relatos son fragmentos de la propia vida de la autora, en los que no sabes que parte esconde mucha verdad y que parte esconde mucha novela. Es destacable la capacidad de ver su propia vida en tercera persona y desmigar sus emociones en situaciones extremas desde una fiel objetividad. Como si ella misma pudiera verse como un simple personaje de su existencia ¿Acaso no lo somos todos? 

No faltan en la lectura el humor, negro, fino y no tan fino, el drama, la solidaridad, el amor, la pasión, la transgresión y la sorpresa. 

En resumen, un libro que se lee muy bien, que engancha, que te descubre una vida real, con partes inventadas pero que encajan, y que deja un buen sabor de boca durante su lectura y al finalizar la misma.

lunes, 27 de abril de 2020

The Rider (Película)

Acertadísima recomendación de mi cuñada Inma. Como siempre, todo lo que pasa por sus manos y aprueba merece mi atención.

The Rider es una historia de un fluir tan tranquilo como sobrecogedor. Está basada o, mejor dicho, cuenta una historia real protagonizada, a su vez, por los propios personajes reales. Lo único que cambia es el apellido del personaje central y su familia: Jandreau por Blackburn. 

Solo por este detalle tan especial ya merece la pena darle una oportunidad a esta película, pero es que además, tiene mucho más que ofrecer. 

La directora china Chloé Zhao es capaz de meternos de cabeza en un argumento que, en principio, puede que no vaya mucho con nosotros (si eres cowboy de profesión y estás leyendo esto sí que irá contigo, pero permíteme que me dirija a la mayoría de la gente). 

¿Cómo será la vida en las imponentes Badlands de Dakota del Sur? Caballos, toros, pueblos, gente sencilla y sueños sencillos, se podría responder, pero Esta película rezuma tal sensibilidad que interpola todas esas cosas con cualquier vida de cualquier persona sea de dónde sea y haga lo que haga. Como una fábula. Las cargas que llevan con estoicidad los protagonistas, su dolor, sus dudas, su lucha, se muestran en pantalla de tal forma que te llega. Te metes ahí. 

Tiene escenas de doma de caballos, reales, que son memorables, en las que se puede sentir la nobleza de un animal salvaje como el caballo y la destreza emocional que utiliza el vaquero que doblega su salvajismo y consigue algo mucho más profundo. Un vínculo único. 

The Rider habla de orgullo, de comunidad/sociedad, del impacto de vivir en una, de sueños, de prioridades, de fortalezas y debilidades, de importancia, de envidias, de sufrimiento, de dureza y finalmente de aceptación. 

Si bien es cierto que se puede hacer un poco lenta hacia la hora de metraje por una redundancia mal gestionada del guion, es una película altamente recomendable para ver sin prisa, paladeándola.

sábado, 11 de abril de 2020

Hogar (Película)


La vi gracias a la recomendación inocente de una amiga. “Es española, pero está muy muy chula”. Parece que la fama de cine español = malo sigue vigente. He visto últimamente bastante cine español y el bagaje es positivo. No es el caso de Hogar, que es de las flojas.

Parece más un telefilm de tarde que una película, incluso, viniendo de Netflix, puede que fuera su objetivo. Y tiene cosas buenas ¿eh? 

Javier Gutiérrez, que acapara muchos minutos de pantalla, es el pilar de los intérpretes. Raya a buen nivel, y los demás, incluyendo a Mario Casas, que suele ser flojete, cumplen dignamente con su función. Bueno, menos el portero que te partes con él, aunque es más por el personaje que por el bueno de David Ramírez. 

La dirección tampoco es mala. Y en general toda la parte técnica como la fotografía y la cámara tiene un acabado de buena factura. 

Lo que da al traste con todo lo demás es el guion. Parte de una buena idea (que nunca se explica y que la tiene que deducir el espectador, lo que te saca completamente de lo que está pasando), pero, no sé si por las prisas o por falta de metraje (103 minutos), se convierte en una secuencia de hechos incoherentes que dejan demasiado a la casualidad. 

Pasan continuamente cosas que se supone están planeadas por los protagonistas, pero no se las cree nadie porque las circunstancias y la atmósfera generada no ayuda al espectador a que piense que es el plan perfecto sino más bien “pero qué me está contando, ¿cómo sabía que iba a pasar eso?”. 

Luego están los comportamientos de algunos secundarios que se mueven por la película como marionetas del guionista, sin personalidad, con cambios de humor y de amor, que no hay quien se los crea. 

La historia paralela que meten para darle un poco de oxígeno a la principal, no hay por dónde cogerla, pero te echas unas risas con ella. Eso es verdad. 

En resumen, un thriller que aprovecha el tirón de Gutiérrez y Casas pero que podía haber sido mucho mejor dándole algo más de contexto a la acción y personalidad a todos los personajes. Aún así es entretenida y tiene ese punto de peli mala que te ves hasta el final a ver cómo resuelven en última instancia todos gazapos del medio. ¡AH! Y tiene moraleja.

miércoles, 8 de abril de 2020

Los Asesinatos del Valhalla (Miniserie)

Pues allá voy con otra mine serie (ya llamo mini a cualquier cosa que sólo tenga una temporada y menos de diez capítulos). Los Asesinatos del Valhalla se puede ver en Netflix, cada capítulo dura entre 45 y 50 minutos y tiene ocho episodios. Este formato es perfecto para contar una historia que atrapa tu atención, se ve rápido, entretiene y no cansa. 

Lo que más me llamó la atención, y creo que es determinante para valorarla, es que es islandesa. Islandia tiene 370.000 habitantes, lo que me lleva a preguntarme la potencia de su industria televisiva, qué presupuestos manejan, cuántos actores 100% profesionales tendrán, directores, técnicos, cámaras, etc. 

Todo esto se nota en la producción de Los Asesinatos del Valhalla, pero ahí reside parte de su encanto. Hay cierto impacto cultural que engancha, lo que se nota sobre todo con el efecto novedad en los dos primeros capítulos. Los personajes son tan fríos y bordes que no sabes si es exigencia del guion o es que la personalidad de los habitantes del lugar es así. Ya lo descubriré cuándo vaya por allí algún día. 

En cuanto a la trama (basada en un caso real, lo que le da ese punto escabroso que, para bien o para mal, atrapa a las mentes humanas), tiene agujeros, y gordos, pero son de esos que vas descubriendo al terminar la serie, al hablar de ella con otra persona. Durante su visionado los nudos están más o menos atados y la historia avanza a buen ritmo. Entremezcla el hilo principal con aventuras secundarias, lo que da agilidad a la narrativa, pero casi parece un ejercicio universitario más que un producto finalizado. Aunque insisto en que tiene su encanto. 

Los giros ocurren de manera impetuosa y te llevan de un lado a otro con cuatro explicaciones mal dadas. Los personajes tienen su personalidad, la entiendes, sabes lo que te quieren transmitir. Aunque les falta algo de “punch”. 

En resumen, una miniserie entretenida, rápida de ver, que mantiene la tensión salvo algún momento, incluso, gracioso, y a la que quizá le ha faltado algo de metraje para desarrollar más algunas historias secundarias y evitar la muerte por inanición de minutos de algún personaje interesante.

martes, 7 de abril de 2020

God Of War (2018) (Videojuego)

Recuerdo cuándo me compré la XBOX360. Se me vienen a la mente tres “Fue’s”: 1. Fue un momento importante en mi vida porque estaba atravesando una mala racha. 2. Fue una inversión importante para mi economía de la época. 3. Fue una sensación agridulce sustituir mi PS2 por la consola de última generación (del momento) de Microsoft y cambiarme de “bando”. 

Kratos me había acompañado hasta entonces (2008) con los primeros God Of War y privarme de su presencia fue un daño colateral a costa de disfrutar otros títulos cómo Halo o Gears Of War. 

No cambié a PS4 hasta 2018 y, aunque veía God Of War por aquí y por allá, no acababa de decidirme a reencontrarme con el Fantasma de Esparta. Un día de este confinamiento que estamos viviendo vi la portada en el Play Store a muy buen precio. Kratos me miraba, ya viejo, mientras yo recordaba su historia de destrucción y penitencia, llevando las cenizas de su familia pegadas a la piel. Aquella historia se quedó grabada en mi memoria. Me sobrecogió entonces y me animó a volver a meterme en la piel blanquecina de este grandioso personaje. 

He leído alguna crítica despedazando el juego por copiar a The Last Of Us al meter a un coprotagonista infantil en la historia, el pequeño Atreus. Yo no he visto ningún parecido con el juego postapocalíptico y me parece una idea acertadísima para explorar partes de la personalidad de Kratos que de otro modo sería imposible. 

Dicho esto, al juego en sí. Es entretenimiento en estado puro. Buena jugabilidad. Un sistema de combate rico, con muchas posibilidades y estrategias y con suficiente cantidad de enemigos (y de dificultad) para probarlas todas. Las armas tienen una personalidad propia muy fuerte, y realmente sientes su poder desde el salón de tu casa. El apoyo de Atreus en combate no es baladí, y según subes sus habilidades va abriendo un abanico de combos muy divertidos. 

La personalidad de los personajes está muy conseguida. A Kratos ya lo conocemos, pero sigue siendo una gran experiencia meterse en sus zapatos y sentirse tan “animal”. A Atreus le cuesta más ser coherente, incluso siendo un niño, pero el resultado final es correcto. En cuanto al villano, no haré SPOILERS, solo diré que es un acierto que hayan elegido un tipo parecido a Connor McGregor porque da más placer el machacarlo. 

La historia es como todas las de God Of War, un culebrón. Es enrevesada para que parezca que tiene sentido y que es algo adulto y no infantil, pero en el fondo es un guion que se va inventando cosas sobre la marcha para que todo encaje. Es suficiente para mantener el interés, pero no es el punto fuerte del juego. 

Por último destacar que el juego se mueve en un mundo semiabierto, es decir, entre misión y misión puedes explorar el mundo a tu antojo y descubrir cosas, como salas ocultas, etc. Todo con el objetivo de mejorar el equipo y los personajes. Hay bastantes cosas que hacer fuera de la historia principal, pero no es The Witcher III.

En resumen, un juego muy divertido, que te hace sentir con el poder de un dios, con una curva de dificultad equilibrada y que mantiene el interés hasta el final. Muy recomendable.

sábado, 4 de abril de 2020

The Unorthodox (Miniserie)

Habitualmente no hago críticas de series, pero The Unorthodox es una miniserie de cuatro capítulos que se puede considerar una peli larga. Igual hago más críticas de series. Depende de si recibo algún comentario al respecto 😊. 

Uno de los propósitos que considero más importantes en El Arte, en general, y El Cine, en particular, es la capacidad de sacarnos de nuestra historia de vida y permitirnos experimentar otros mundos, otras sensaciones, otras experiencias. Esta miniserie nos permite adentrarnos en una comunidad de judíos ortodoxos de Nueva York que no es moco de pavo. 

Desde luego un lugar difícilmente accesible por cualquier persona de a pie del planeta. Sus costumbres, sus ritos, su cultura, se refleja en la película de una forma muy creíble (hay un Making Of muy chulo dónde lo explican). 

Sólo con esta temática diferente la serie ya te engancha. Si a eso le añades que se basa en una historia real (en concreto la de Deborah Fredman) y que la forma de contarla es muy objetiva (sin tratar de buscar culpables), la mezcla es un producto interesante, entretenido y cuyo visionado se pasa volando. 

El casting, sobre todo la actriz principal, Shira Haas, es maravilloso. Los personajes transmiten, entiendes su personalidad, actúan con coherencia según el contexto.

La trama se mueve sobre dos conceptos aparentemente contrapuestos: La libertad y la pertenencia. 

La libertad: Esa agua dentro de la olla a presión que cuánto más tratas de contener, más calientas, y más probable es que salte la tapa por los aires. Ese impulso de que algo no funciona y es tu responsabilidad cambiarlo. 

La pertenencia: A un grupo, a una cultura, que crea tu realidad y genera una burbuja a tu alrededor que te marca lo que está bien y lo que está mal. Una frágil burbuja muy difícil de romper que te impide valorar lo que hay fuera.

Cada personaje de la serie se refleja en alguno de estos dos conceptos, o en los dos, y cada uno tiene un punto de vista que aportar, lo que le da riqueza al visionado. 

En resumen, una serie con ritmo, que se ve de un plumazo, que cuenta una historia que se mueve en un contexto poco común y cuyos personajes dicen mucho. Y lo mejor: Sin Juicio.