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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

lunes, 9 de septiembre de 2019

El Día que Vendrá (Película)

Otra de cine de verano. Expectativas bajitas y menos mal. Es una pena porque tiene un marco para haber sido mejor. 

Hay cientos de películas sobre la II Guerra Mundial pero no muchas se enmarcan en lo que pasó justo después de que acabara la guerra: el caos de la calma después de la última bomba cayendo sobre una ciudad, las revueltas callejeras, los últimos rescoldos del enemigo... Y ahí se enmarca El Día que Vendrá. En el momento de la ocupación de los británicos después de la guerra, dónde expropiaban las casas de los alemanes, con ellos aún dentro, para albergar a oficiales y altos mandos. 

Esto se cuenta en los primeros diez minutos y a partir de ahí todo es tedio. La historia central que ocupa la mayor parte del metraje entre la mujer atormentada por la vida, esposa del militar británico, y el alemán picha brava inquilino inesperado de su propia casa, no llega nunca a enganchar. Incluso hay algún diálogo tan forzado que suena tan ridículo que te arranca una carcajada, despertando en el espectador probablemente la única emoción que no se pretende despertar: el humor. 

Se salvan la ambientación y ligeramente el personaje del militar británico (Jason Clarke). La primera, a pesar, de haber visto mil veces la típica ciudad destruida por los bombardeos, tiene buena fotografía. La segunda, sin ser un personaje del que acordarse, al menos en coherente con su personalidad y sus conflictos internos y los actos que manan de ellos son entendibles, cosa que no se puede decir de los otros dos personajes, de hecho Keira Knightley y Alexander Skarsgard tienen menos química que una carrera de letras. 

En resumen, no aporta absolutamente nada a nadie. Ni entretiene, ni cuenta nada nuevo, ni cuenta nada viejo de una forma que te remueva. Si te pilla en un autobús o un tren y no tienes escapatoria ni sueño, morir por verla no te vas a morir. Es tú decisión.

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