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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

lunes, 13 de agosto de 2018

The Last Guardian (Videojuego)


The Last Guardian es uno de esos videojuegos especiales. De los que coges cariño. De lo que te acuerdas años después al ver una imagen fugaz y dices “Que juego más chulo aquel The Last Guardian”. Ahora bien, te tiene que gustar el mundo del videojuego, sí, has leído bien. No que te guste jugar a videojuegos, sino entender este mundo como una disciplina de arte más. 

Aquellos que tengáis prisa corriendo por mazmorras, dando tiros o espadazos a diestro y siniestro, cumpliendo objetivos sin parar y con ansia viva de alcanzar el siguiente ni os acerquéis. The Last Guardian es un juego de plataformas, donde hay que tener algo de paciencia y ganas de poner el foco en los detalles.

Podría haber sido una obra maestra pero no llega por razones que explicaré a continuación y que da rabia, la verdad. Los puntos fuertes son muchos y de calado: La ambientación 100% japo que te transporta; la banda sonora, que sin ser lo mejor, funciona en los momentos clave; El doblaje japonés intenso; los escenarios y paisajes que te puedes quedar mirando un buen rato; y por supuesto Trico.

Trico es la bestia protagonista y el nivel técnico que se paladea en su desarrollo es impresionante. Todo en él está cuidado, movimientos, gruñidos, las órdenes que le das que las interpreta cómo y cuándo quiere, incluso parece que aprende, la ansiedad que demuestra, la ternura, TODO, y se consigue esa magia del videojuego de que algo parezca real sin serlo. Te encariñas con algo que no es real, te emocionas con algo que no es real, acaricias una mascota que no es real, pero el sentimiento está ahí. Y es que lo real es lo que hacemos que ocurra en nuestra mente.

La historia es sencilla, pero, como ocurre con muchas historias japonesas sencillas, se puede sacar todo un montón de conclusiones filosóficas. Eso ya cada uno. A mí me gustó la idea de que el niño representa nuestra parte física y Trico nuestra voluntad, pero vamos que esto es muy personal.

Y ahora el punto débil que lleva un juego de matrícula a la línea del notable. La jugabilidad. ¿Por qué tantos errores y tan graves? A estas alturas de siglo XXI. La cámara es un horror, cabrea por momentos; algunos movimientos del niño no pueden ejecutarse con precisión cómo el bajarse del lomo, que en algunas fases del juego es clave hacerlo rápido y bien; muchas veces detectas por donde toca ir, una de las virtudes del juego es que da pocas pistas, pero los controles te limitan alcanzar ese objetivo hasta que no estás exactamente en posición.  La jugabilidad es: Desesperante. No tanto para impedir que lo juegues, ni mucho menos, pero sí para embarrarte una gran experiencia.

En resumen, un juego especial, de culto, que no gustará a todos pero que tendrá grandes seguidores abnegados. Es difícil, sobre todo por la cámara, y requiere paciencia. Es un juego para saborear en soledad.

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