The Last Guardian es uno de esos videojuegos especiales. De
los que coges cariño. De lo que te acuerdas años después al ver una imagen
fugaz y dices “Que juego más chulo aquel The Last Guardian”. Ahora bien, te
tiene que gustar el mundo del videojuego, sí, has leído bien. No que te guste
jugar a videojuegos, sino entender este mundo como una disciplina de arte más.
Aquellos que tengáis prisa corriendo por mazmorras, dando tiros o espadazos a
diestro y siniestro, cumpliendo objetivos sin parar y con ansia viva de
alcanzar el siguiente ni os acerquéis. The Last Guardian es un juego de
plataformas, donde hay que tener algo de paciencia y ganas de poner el foco en los detalles.
Podría haber sido una obra maestra pero no llega por razones
que explicaré a continuación y que da rabia, la verdad. Los puntos fuertes son
muchos y de calado: La ambientación 100% japo que te transporta; la banda
sonora, que sin ser lo mejor, funciona en los momentos clave; El doblaje japonés intenso; los escenarios y
paisajes que te puedes quedar mirando un buen rato; y por supuesto Trico.
Trico es la bestia protagonista y el nivel técnico que se
paladea en su desarrollo es impresionante. Todo en él está cuidado,
movimientos, gruñidos, las órdenes que le das que las interpreta cómo y cuándo
quiere, incluso parece que aprende, la ansiedad que demuestra, la ternura, TODO,
y se consigue esa magia del videojuego de que algo parezca real sin serlo. Te
encariñas con algo que no es real, te emocionas con algo que no es real,
acaricias una mascota que no es real, pero el sentimiento está ahí. Y es que lo
real es lo que hacemos que ocurra en nuestra mente.
La historia es sencilla, pero, como ocurre con muchas
historias japonesas sencillas, se puede sacar todo un montón de conclusiones
filosóficas. Eso ya cada uno. A mí me gustó la idea de que el niño representa
nuestra parte física y Trico nuestra voluntad, pero vamos que esto es muy
personal.
Y ahora el punto débil que lleva un juego de matrícula a la
línea del notable. La jugabilidad. ¿Por qué tantos errores y tan graves? A estas
alturas de siglo XXI. La cámara es un horror, cabrea por momentos; algunos
movimientos del niño no pueden ejecutarse con precisión cómo el bajarse del
lomo, que en algunas fases del juego es clave hacerlo rápido y bien; muchas veces
detectas por donde toca ir, una de las virtudes del juego es que da pocas
pistas, pero los controles te limitan alcanzar ese objetivo hasta que no estás
exactamente en posición. La jugabilidad es: Desesperante. No tanto para impedir
que lo juegues, ni mucho menos, pero sí para embarrarte una gran experiencia.
En resumen, un juego especial, de culto, que no gustará a
todos pero que tendrá grandes seguidores abnegados. Es difícil, sobre todo por
la cámara, y requiere paciencia. Es un juego para saborear en soledad.

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