Una vez más la gestión de expectativas a la baja salva el día. Fue una elección de descarte en un cine de verano. Cumplía, a priori, con la idea de ver algo ligero y no muy largo. Así fue.
Un italiano en Noruega es una película divertida que se apoya en la crítica a un tópico muy fácil de atacar por el ciudadano de a pie como es el funcionariado. Es italiana pero el paralelismo con España es tan grande que todos los chistes funcionan sin problemas. La crítica es gruesa y descarada pero no quita que se refleje de forma eficaz y creíble, que es probablemente lo más sorprendente de la película y lo más "triste". La administración y el politiqueo también pilla lo suyo.
Los primeros treinta minutos son buenos si te gusta el humor popular. Dinámicos, con algún chiste que te hace soltar la carcajada y te mantienen entretenido sin esfuerzo. Checco Zalone es gracioso pero no es mi estilo (es como el Adam Sandler italiano) aunque esto va sobre gustos. Es mejor el guión que la propia puesta en escena pero hay que reconocer que el actor tiene y tendrá su público.
Es a partir de esa media hora inicial, cuando la frescura de la historia y el protagonista bajan, donde se hace más lenta. Los gags son peores y parecen forzados pero la sonrisa permanece porque es una peli simpática a fin de cuentas y con la que te identificas de un modo u otro.
En Resumen, una comedia italiana mejor de lo que parece que hace una crítica fácil a un blanco extremadamente sencillo para el pueblo. Además ya que es corta, lo que se agradece, no permite que sientas aburrimiento lo que hace que ese gran sabor de boca inicial se mantenga hasta el final aunque con menor intensidad.

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