Con la carestía de buenas películas actual cuando sale una superproducción de este estilo y dirigida por Ridley Scott es inevitable tener ganas de verla. Lo malo es que las expectativas pueden jugar malas pasadas, sobre todo si la película no es ni pasable.
Este Napoleón tiene muy pocas virtudes y sí muchos defectos.
Entre las virtudes encontramos la ambientación y vestuario, de lo mejorcito que se ha hecho últimamente, y la calidad técnica de las batallas, que a pesar de ser un punto fuerte pues ya se han visto cosas parecidas allá por el año 1995 con Braveheart. Y poco más, le voy a conceder que consigue no aburrir gracias a que el tempo está bien logrado a pesar de la lista de defectos que viene a continuacion. Igual lo que mantiene el tempo vivo son las ganas del espectador de que pase algo reconocible como Napoleón en la película, y esa curiosidad te mantiene atento hasta el final.
Y ahora sí los defectos. No se sabe, salvo por el vestuario y la ambientación, si los hechos acontecieron en Francia o en EEUU dado el cariz yanqui que rezuman cada uno de los personajes y sus comportamientos. Coges esta peli y le pones decorados en el espacio y cambias los nombres de los protagonistas y te sale una historia intergaláctica que encaja con el mismo guion, o haces una peli de animación, suavizas los diálogos y tienes un Monster S.A. para niños. La película no tiene alma. Es plana. Incluso haciendo un acto de tragaderas al aceptar aquello de los soldados franceses negros a principios del siglo XIX, Scott no quiere perder sus nominaciones a los Óscar, la película no deja de ser una serie de escenas, con dudosa veracidad histórica, que cuentan algunas partes de la vida de un soldado francés, que tiene un amor de su vida que aparentemente le condiciona muchas cosas, que va ascendiendo poco a poco y que libra varias batallas, luego le exilian, vuelve, le vuelven a exiliar y muere. Si no es por el sombrero es difícil saber de quien va la historia ya que no hay rastro de la ambición de Napoleón, sus ansias de poder, su carisma, sus diatribas políticas, sus enemigos, de que los personajes que le rodean sean humanos con motivaciones más allá de attrezzo con carteles tipo Ministro de Economía, Ministro de Exteriores, Emperador Ruso, etc.; No hay rastro de la personalidad de nadie, de quien es quien o quien está en el poder en cada momento; En definitiva, no hay rastro de coherencia, de porqué pasan las cosas o de porqué esas cosas son importantes. Lo mismo acaba una batalla con Napoleón furioso, como que en la siguiente escena está firmando tranquilamente su exilio sin razón aparente o sin que eso parezca importar demasiado a nadie. En fin, peli plana sobre planicie planaria. Como si una película con tantos recursos se hubiera hecho para salvar el expediente, sin cariño, sin esfuerzo, en plan: "Montamos unas batallitas espectaculares con buena ambientación del siglo XIX y con la excusa de la relación de un personaje histórico con un sombrero chulo, no se os olvide lo del agujero, y su amante como hilo conductor, y chimpún, a llenarnos los bolsillos".

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