A mi mujer le gusta leer más que a mí. En una de sus visitas a la feria del libro, en las cuales compra varios libros de diversos tipos, pues se acuerda de mí y busca algo que me guste, generalmente ciencia ficción. En este caso también le gustaba a ella, ya que había oído hablar maravillas de la autora Anna Starobinets, así que mató dos pájaros de un tiro.
La Glándula de Ícaro es un libro tipo Black Mirror, con pequeños cuentos cortos que tratan temas de ciencia ficción, es decir que son ficción pero o bien pueden presumirse factibles en un futuro cercano o bien se da una explicación suficientemente científica sobre los hechos para que puedan presumirse potencialmente factibles o, al menos, verosímiles dentro de su fantasía.
Personalmente ninguno de los cuentos me ha encantado, ni tampoco me parece que estén escritos de una forma demasiado virtuosa más allá de las crudeza del vocabulario que utiliza la escritora, que parece ser que es lo que ha fascinado a la crítica. Incluso hay alguna historia que es tan abstracta que, directamente, no se entiende muy bien lo que se quiere transmitir (vale que se puede dejar abierto el final a la imaginación del lector y tal, pero en mi opinión se pasa), y otras que se quedan cortas y hubieran dado para más como la que da nombre al libro, que es de las mejores.
El punto fuerte es sin dudas las ideas expuestas en cada historia. Hay algunas verdaderamente brillantes y con claros tintes filosóficos y de crítica social. Solo por estas ideas ya merece la pena leer el libro aunque tampoco sea la repanocha. Es corto, se lee rápido y da que pensar. Es lo que vende y es lo que hace, así que bien.
En resumen, un libro de notable si te gusta la ciencia ficción ya que es cortito y cumple su cometido de contar historias que hacen pensar en el futuro con las circunstancias que tenemos en el presente.

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