Dos temporadas, dieciocho capítulos en total, media hora por capítulo. Es decir, una serie relativamente rápida de ver y con capítulos cortos para ocupar espacios de tiempo limitados. Presumiblemente habrá una tercera temporada aunque la segunda cierra un arco completo. Pero, claro, todo se puede continuar.
Es una buena serie de humor que cumple su cometido: Entretener. Con su mayoría de personajes femeninos, destaca Jean Smart como Devorah Vance. Clava su papel de superestrella femenina ya madurita con dejes de diva insoportable. Por el contrario, Hannah Einbinder, la otra co-protagonista, cumple pero con poca gracia, algo forzada y NO, no está lo buena que quieren mostrar en la serie. Aunque al final acabas cogiéndole cariño, la actriz no tiene la suficiente vis cómica.
Esto del cariño pasa sobre todo en la segunda temporada que es mucho mejor que la primera. Vale que en la primera se presentan los personajes y es una tarea que puede resultar algo más fría, pero es que en la segunda destapan el tarro de las esencias y todo fluye con más naturalidad y las personalidades se trabajan mucho mejor.
La historia es fresca, con situaciones y personajes que mezclan la antigua visión del mundo (siglo XX) y la nueva (siglo XXI), las cuales representan las dos protagonistas. Habla de la ascensión y caída, del reinventarse y de la importancia de contarse verdad a uno mismo para quitarse la mochila de lo que opinarán los demás.
Para mi gusto, al ser el personaje protagonista una monologuista, le falta punch a los chistes. Te hace más gracia el guion de la propia serie que los chistes de los monólogos, lo que le quita credibilidad al personaje principal.
En resumen, una serie amena, divertida a ratos y con una moraleja bastante bien traída. Buena para pasar el rato, que a fin de cuentas es de lo que se trata.

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