William Shakepeare siempre es un personaje resultón, ya sea por sus obras o por su apenas conocida vida, todo lo que tenga que ver con el genio de Stratford-upon-Avon llama la atención. En esta ocasión Maggie O'Farrell crea una novela, basándose en la poca información que se tiene del escritor, que aúna belleza literaria, ritmo, folklore inglés y sentido histórico.
Lo primero destacable de la novela es que aparta el protagonismo del personaje conocido. Lo utiliza de cebo para desarrollar a la verdadera protagonista, que es su mujer, y todos los que crecen entorno a ella. Quedado el bueno de William cómo un mero satélite de la historia principal. Esto es un acierto porque aporta frescura y originalidad al relato.
Lo segundo destacable es la brillantez, sensibilidad y erudición con la que está utilizado el lenguaje en cada párrafo. Cierto es que en algunos pasajes se pierda algo de magia, como si el polvo de campanilla se diluyese en el aire, pero ocurre pocas veces y en la mayoría de pasajes, sobre todo al principio, ese polvo te envuelve con fuerza. Leerlo, más allá del contenido, es sencillamente bello.
Lo tercero y último es el paralelismo que mantiene constantemente con la obra de Shakespeare. Es algo sutil, casi parece no intencionado, pero está servido de la manera justa para mantener el interés en el lector. El título del libro lo dice prácticamente todo.
En cuanto a pegas, pocas se le pueden poner. Es corto pero denso, así que si buscas lecturas ligeras no te va a encajar.
En resumen, un buen libro para pegarte un buen chute de literatura de la buena. Si buscas drogas menos duras igual te tumba en las primeras páginas.
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