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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

sábado, 25 de julio de 2020

Death Stranding (Videojuego)

PUFFF… Por dónde empezar. Death Stranding es una de esas anomalías que acaban convirtiéndose en objetos de culto. Como Sharknado o Bunbury o Paris Texas y tantas otras que tienen en sus adeptos un grupo de seguidores acérrimo y en sus detractores la más feroz de las críticas, en una batalla dónde el término medio brilla por su ausencia. Trataré de salirme de ese círculo vicioso y ser lo más ecuánime posible sin spoilers, como trato de hacer siempre. 

No es un juego para todo el mundo. Eso es evidente. No ya teniendo en cuenta quién es el consumidor, sino que además es importante en qué momento de su vida se encuentre. Esto tiene como positivo que si no te ha gustado ahora quizás más adelante te encante. Pero si te encuentras dónde la mayoría social, en época de consumir cosas deprisa, deseando una recompensa rápida pero fugaz, y a otra cosa mariposa igual de rápido y deprisa, huirás de este juego como de la peste. 

No desvelo nada que no se haya dicho ya en redes al decir que el protagonista es un repartidor. Sí, habéis oído bien. Y sí, habéis imaginado bien al preguntar “¿Pero, cómo? ¿Uno de UBER o Deliveroo?” Exactamente igual que uno de esos. La diferencia estriba en que el terreno es bastante más complicado que coger la M-30 y los paquetes a llevar pesan lo suyo. 

Esta es la mecánica y punto. Ya está. Fin. Está aderezada con algún grupo de disidentes a los que tienes que disparar de vez en cuando, aunque todo está pensado para que el 90% del juego lo pases solo, sumido en tus pensamientos y, estos encuentros esporádicos, los resuelvas huyendo o en sigilo. Sin muertos. Y alguna que otra sorpresa divertida como los aerodeslizadores. 

Lo curioso es que el mundo creado por Kojima es tan grandioso que hasta una mecánica de juego tan básica te engancha y hasta te apetece llevar cosas de un sitio a otro. Descubres paisajes impresionantes acompañado de una gran banda sonora puntual, pero precisa. Deja tiempo para pensar a medida que avanza la historia y los secretos de ese mundo apocalíptico tan novedoso se van descubriendo. 

Y es ahí dónde reside la fortaleza del juego. Un mundo postapocalíptico con sello personal, súper original y que hila muy bien el pensamiento actual del siglo XXI con la ciencia ficción introducida en el juego (hay mucho que leer en pantalla, lo que acerca más el juego al mundo de los libros que al de los videojuegos). Puedes llegar a pensar que es posible que ocurra, con las reglas que se establecen en ese mundo. Esa es la magia de la buena ciencia ficción. 

Es un acierto enorme la estética general de los edificios, los trajes y los vehículos. Los nombres de los elementos únicos del juego, como el Quiralio, las MULAS, El Declive o los BB. Hasta el punto de tener una personalidad como en su momento la tuvo StarWars o Mad Max, que aún hoy en día son plenamente reconocibles. 

Puede parecer que no soy ecuánime llegado este punto y que a mí me ha gustado el juego. Sí, es cierto, me ha gustado, aunque no enamorado. Pero entiendo perfectamente que al 80% de la gente no le guste. Allá voy. 

Tantas horas con la mochila a cuestas, cruzando laderas imposibles y estableciendo rutas por las que ir, puede resultar aburrido. A veces demasiado. Si no eres de los que se involucra en un videojuego y pone mucho de su parte, lo abandonarás sin llegar a terminar el primer capítulo. Porque además la curva de aprendizaje, a pesar de que el juego es fácil en general, es muy pronunciada al principio. No hay tutorial, ni te dan pistas de lo que hay que hacer. Las primeras horas estás perdido, lo que a su vez es el carbón y el diamante del juego. 

La historia está currada y se nota el trabajo cinematográfico que hay detrás. No solo por los actores reales, sino por la complejidad del argumento y como se cuenta. ¿Qué ocurre con esto? que hay cinemáticas de casi veinte minutos, que encima están encadenadas después de un solo minuto de juego. De hecho, hasta los últimos cuatro capítulos el juego se puede considerar un videojuego y a partir de los cuatro últimos es una película interactiva (con casi nula interacción). 

El final, aunque original, es previsible desde la mitad de la narrativa, y, aunque profunda y trabajada, me dejó un sabor agridulce. Ese “sí, pero no” incómodo, ese “he disfrutado con esto y gracias, pero tantas horas para este final…”. 

En resumen, Kojima vuelve a crear un universo increíble, con muchos detalles, muchas cosas difíciles de explicar que quedan explicadas, aunque sea ciencia ficción, muchos pensamientos filosóficos que hacen que nos preguntemos hacia qué sociedad nos acercamos (individualismo, soledad, asexualidad, paternidad y maternidad...), qué relación hay entre la vida y la muerte, cómo nos afecta el alejamiento social provocado por el acercamiento virtual, y todo con una estética memorable. Con una historia buena que no llega a levantarte del asiento y aplaudir, lo que, incrementado por las horas dedicadas y el esfuerzo puesto por el jugador, decepciona un poco. Si tienes tiempo y te gusta paladear los juegos dale un tiento. Si buscas lo de siempre ni lo intentes.

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