Nos ha dado ahora por ir a los cine Golem detrás de la Plaza de los Cubos en Madrid. Las pelis que ponen se salen un poco de los cines convencionales y son en versión original, además no se puede comer dentro lo que hace la experiencia mucho más inmersiva. Están mejor construidos que los Renoir y las filas de butacas en forma de grada facilitan el visionado de la pantalla. De ahí que esté poniendo reseñas de pelis más indie.
La Zona de Interés es un película británica íntegramente en alemán de esas poco convencionales pero que se pueden hacer conocidas por la temática que trata tipo La Ola, El Experimento o El Ciempiés Humano, que no tienen nada que ver con el Holocausto pero despiertan interés por su temática. Para mi gusto una peli de este estilo mucho más potente sobre campos de concentración es El Hijo de Saúl. Por eso puede que no sea el caso de La Zona de Interés ya que, aunque tiene ese estilillo y ese amor que se le pone a este tipo de películas, le falta impacto emocional. Y no porque lo que cuenta no sea tremendo sino porque el Holocausto ya nos pilla de vuelta de todo. Así somos los humanos, capaces de acostumbrarnos al mayor de los horrores después de verlo muchas veces y escandalizarnos por el más nimio de los comportamientos en un personaje de conocido que salga en algún medio de comunicación.
La historia, al menos el marco en el que se encuadra la acción, es original, que ya es decir mucho con la cantidad de prismas por los que se ha mirado el tema Auschwitz: Vivir una vida "normal" pared con pared con un campo de exterminio. El director aprovecha esta situación única para tratar temas como la normalización de las atrocidades cuando benefician a uno, la imposibilidad o no de soportarlas, el impacto que tienen en las nuevas generaciones o la diferencia entre la eficiencia y la ética a la hora de resolver un dilema.
Técnicamente es impecable, incluyendo una parte filmada en infrarrojo que, a pesar de ser una paranoia del director, realmente funciona para contar una historia dentro de la historia como si hubiera dos mundos diferentes conviviendo en el mismo plano, uno de maldad y otro de bondad, en los que hasta los colores son opuestos en negativo. Las interpretaciones también están a buen nivel. Todos los actores cumplen su papel, te transmiten lo que se pretende transmitir y no te sacan de la película con sobreactuaciones. Curiosamente es la segunda peli seguida que vemos de Sandra Hüller cuando nunca antes la habíamos visto. Las cosas de las tendencias, oiga.
Para mí, el gran valor de la película es contar un horror casi inimaginable y mezclarlo con la tranquilidad de vivir en una casita de campo con su piscina, su embarcadero, su invernadero y su jardincito, de tal manera que tengas la sensación de que eso es posible. Como si por un momento mezclaras agua y aceite y detuvieras el tiempo. Por ese instante están mezclados en un equilibrio imposible y en cuanto le das a avanzar de nuevo se separan y la mezcla acaba diluyéndose.
En resumen, un punto de vista diferente de un tema muy trillado que, puede que no tenga el impacto de La Vida Es Bella (ni se pretende), pero que se disfruta igualmente.
Extra para los conspiranoicos: Con los palos que se esté llevando Israel con el tema de Gaza ¿Es casualidad que salgan pelis (inglesas) sobre el holocausto judío cuando llevábamos tiempo sin ver ninguna en cartelera?

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