Nunca he sido muy fan de Pinocho pero sí de Guillermo del Toro. Esta mezcla me llamó la atención, sobre todo porque parecía algo diferente en el pool de películas que se hacen hoy en día, así que le di su oportunidad con la expectativa de engancharme al cuento que nunca me enganchó.
Comentaré primero lo que menos me gustó. 1. El personaje de Pinocho en la primera mitad de la película es insufrible. Vale que tiene que ser un niño-adolescente, vale que tiene que hacer y decir cosas de niño-adolescente y vale que tienen que pasar esas cosas para que fluya el argumento, pero es el protagonista joder, dadle un poco de ternura para que el espectador se encariñe con él en vez de desear sus males y ponerse del lado de los villanos. 2. Es muy lenta por momentos hasta el punto de sorprenderte con un respingo porque te estabas quedando dormido, varias veces. Y eso que yo casi nunca me duermo viendo la tela, ya sea una obra maestra o el Sálvame, que me despierta interés cero consciente pero debe ser que sí subconsciente.
Dicho esto, la película es técnicamente una maravilla. No solo los personajes, sus movimientos, etc. sino el juego de luces cuidadísimo en cada escena y la ambientación que realmente te mete dentro de la historia.
Lo demás ya lo conocemos, moralejas, duplas clásicas de opuestos, bien-mal, cobardía-valentía, placer-sufrimiento, amor-odio, pero algunas con cierta profundidad que engrandece la cinta, como le duelo de Gepetto o la transformación del maltratado Spazzatura. Para mi gusto tanto Gepetto como el villano Conde Volpe son los más trabajados en este aspecto.
En resumen, una joyita técnica, muy detallista y bien dirigida que peca de lentitud por tramos y de un Pinocho inicial demasiado estridente. Desde luego, solo por ser diferente y una currada de peli, merece la pena darle un tiento si te gusta este tipo de cine.

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