Cuidado con esta peli. Si no sabes muy bien a lo que vas te puede parecer un vídeo familiar de vacaciones y a la primera media hora la puedes quitar con el correspondiente cabreo, sobre todo si has pagado por ello.
Aftersun es una película de esas que te va gustando más según la piensas después de verla. Es pausada, fuera de lo corriente, grabada casi con una videocámara de mano, por lo que no es para todo el mundo. Hay que verla, reposarla y disfrutarla. Si este proceso se considera demasiado largo pues no pasa nada por pasar de ella.
Sin embargo, si estás dispuesto como espectador a hacer ese esfuerzo de fijarte en los detalles que va dejando la directora en cada escena, puede que la disfrutes mucho, puesto que la carga emocional que trae es potente. La historia no tiene mucho, una hija que, de que de mayor, recuerda con nostalgia a su padre. Pero no hace falta una historia rocambolesca para extraerle todo el jugo a un guion.
Tanto la situación de depresión, frustración y desesperación contenida del padre como la inocencia curiosa de la hija cuando es pequeña y la sensación de falta de cariño paterno y de falta de entendimiento de los porqués del pasado de la hija adulta, se mastican en cada plano, pero sobre todo en el post-visionado al percatarse el espectador de todos los detalles que deja la directora.
Paul Mescal ha sido muy aclamado por su actuación pero, sin ser mala, queda eclipsado por Frankie Corio, que, no solo es preciosa, sino que lo borda como niña pre adolescente.
En resumen, película especial, para saber lo que se viene a ver y no esperar una superproducción solo porque ha ganado algún premio. Si te gusta el cine y explorar todos los estilos, merece la pena.

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