He cogido con ganas esta nueva vieja afición de ir al cine los miércoles y los domingos. Que gustazo. Esperemos que las plataformas de streaming no den la estocada definitiva al cine en gran pantalla y que sigan potenciando el movimiento Woke para tener cada vez menos suscriptores.
La peli de hoy es la adaptación de un libro clásico que no he tenido la suerte de leer y no por falta de ganas. Nunca encontré el momento y al ver la película dije aquello de: "Bueno, la manera rápida de leerme el libro". Sí, ya sé que no es lo mismo pero no me arrepiento.
Hay que reconocer que el guion está currado, y entremezclar la misma historia consigo misma y de tantas maneras distintas sin dejar cabos sueltos no es fácil. Dicho esto no se puede dejar pasar que es muuuuuy larga (154 min. dos horazas y media) y tediosa por momentos, o mejor dicho, es tediosa y entretenida por momentos.
Los personajes están bien formados, sobre todo los dos principales. La inteligentísima y ¿paranoica? Alice Gould (Lennie) y el filántropo y ¿corrupto? Samuel Alvar(Eduard Fernández). Los diálogos entre los dos molan mucho y las batallas de inteligencia para hacer cambiar al resto de personajes, y al espectador, el punto de vista de la misma historia que antes parecía tan clara y argumentada, cómo después del cambio de prisma. Esto lo segundo mejor de la película (luego diré lo primero), acompañado de las interpretaciones, que están a buen nivel.
Sin embargo, ese metraje tan largo que hace al director a hacer piruetas con escenas exageradas (como el chorrazo de manguera gratuito que le pegan a la buena de Bárbara). fuera de contexto o repetitivas, privan a la película de ser una joya. Además, es una peli tramposa, es decir, engaña al espectador con recursos de fuera de la película, no de dentro. Un ejemplo es Shutter Island, donde el giro final casa con todo lo que ha pasado. Aquí hay un cambio de sombrero de mal mago, un conejo de plástico en una chistera, cuando una víctima no tiene nada que ver con la víctima original pero se utilizan las mismas escenas con el simple objetivo de engañar, no de tramar.
Me dejo lo mejor para el final. Hay un trasfondo filosófico muy bonito en la película. La realidad no existe, la creamos. Parece una tontería de frase pero abre la puerta a ser capaz de cambiar todo lo que desees cambiar. Es la principal creencia de cualquier revolución en lo macro y en lo micro, en lo individual o lo colectivo. La percepción que tenemos de las cosas es nuestra realidad, la realidad REAL, no existe (y si existe nunca podremos percibirla en toda su esencia). Esta película trata esta aseveración de manera elegante, sutil e inteligente, y lo pone de manifiesto una y otra vez con cada giro. Los renglones torcidos de dios somos todos, lo que pasa es que si somos mayoría ya no son torcidos.
En resumen, si hubiera sido más corta hubiera sido inmensamente disfrutable. Como no lo es, se queda en pasable.

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