El Canto del Cisne se acerca a los campos de la Inteligencia Artificial y la Bioingeniería desde un punto de vista emocional bastante original. En estos tiempos que corren, todo va muy deprisa, se producen cambios incluso antes de habernos acostumbrado al cambio anterior, y las emociones de las personas que sufren estos cambios quedan ahí tiradas en la cuneta del tiempo hasta que somos nosotros los afectados. En ese momento es cuando nos paramos a mirar a nuestro alrededor y vemos que compartimos la misma cuneta que todas aquellas almas solitarias.
Con esta parrafada que me ha salido lo único que quiero es poner el foco en que por muchos análisis, críticas, investigaciones, estudios que se hagan sobre la moralidad de la tecnología, ésta nos va a pasar por encima. No hay control posible.
La película es una pequeña obra de arte. Pausada pero no aburrida, sin aspavientos, que recuerda un poco al Her de Joaquin Phoenix. Te mete en la piel del protagonista (un Mahershala Ali impecable) que se enfrenta a un dilema que va más allá de la propia moralidad, sino que habla de vivir en el engaño, de ser felices en la mentira, o ¿es que acaso no vivimos continuamente en el engaño y podemos ser felices mientras no nos demos cuenta, o más bien, creamos en que nos están engañando? Pero ¿Se puede creer en que nos están engañando si no podemos diferenciar la verdad del engaño? ¿No estaría loco aquel que nos sugiriera que estamos siendo engañados?
Solo una cosa está clara, vivir en la incertidumbre es imposible sin perder la cordura. Necesitamos constantes, aunque éstas sean mentira y esa es una verdad muy difícil de digerir.
En resumen, muy recomendable si te gusta pensar en las implicaciones de los avances tecnológicos y filosofar sobre lo que somos realmente,
o lo que no somos aunque queramos (y nos obstinemos en querer) serlo.
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