Serie cortita de 1 temporada y 8 episodios de 50 minutos de duración que se desarrolla en un retiro espiritual con todos los lujos imaginables. Lujos que, como en la vida real, pasan a un segundo plano dejando las cosas que realmente importan en el primero.
Además de los grandes intérpretes como Kidman, McCarthy, Cannavale, Shannon, Evans, (mención especial para Regina Hall), y su buen hacer en este trabajo, el potencial de la serie está en la variedad y profundidad de los personajes y su desarrollo en tan poco tiempo. Demostrando que se puede contar mucho en el espacio justo sin aburrir con largos metrajes.
Las varias tramas que aporta tal abanico de personalidades hacen que, en esa ruleta de los sentimientos, tengas varias papeletas para sentirte identificado o al menos tocado por alguna (pérdida, narcisismo, falta de autoestima, culpa, miedo, autodestrucción). Al final no deja ser una historia que pretende dejar un poso de desarrollo personal en el espectador, utilizando para ello el drama y la ficción. Suena manido pero las dos claves que quedan al final son: las soluciones están en uno mismo y que el altruismo no existe (toda acción llevada cabo nace de una intención de beneficio individual, aunque luego devenga en un beneficio para los demás).
Cierto es que algunas decisiones algo ilógicas se amparan en la desesperación o las ganas de curarse de lo personajes y están un poco pilladas por los pelos. Que cierta tensión entre algunas relaciones es excesiva, tal y como se nos cuenta la historia, y hay que hacer un esfuerzo por pensar que ya venían de antes del momento en el que empieza la serie. Pero bueno, son cositas que restan sin manchar la buena nota media del producto final.
En resumen, serie diferente, intensa, bien contada y que baja un pelín al final. Si te gusta el desarrollo personal te resonará y si no te gusta siempre es un buen momento para empezar.

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