La verdad es que da gusto ver una producción española entretenida, con cierta profundidad en su historia y que engancha de principio a fin.
HIT no dejará indiferente a nadie. Seguro que habrá al que no le guste por la chulería del protagonista, o porque no representa a la juventud actual o, simplemente, porque es española y no le quitan la letra escarlata de la ceja a ningún producto nacional.
Lo cierto es que, salvando los recursos novelísticos para aumentar el drama, es un producto que toca varios palos a tener muy en cuenta estos días. Por supuesto replantearse qué ha sido siempre la educación y qué es ahora, así cómo los responsables, padres y profesores, y hasta dónde llegan esas responsabilidades. Y dentro de esa educación, la pérdida de motivación, la utilidad de los contenidos a futuro y la muerte de los valores del siglo XX y la pregunta de si deben ser resucitados o desterrados y cambiados por otros, y si es así por cuáles. Y sobre todo si tenemos algún control sobre alguna de estas áreas o la marea social de cada momento avanza tan implacablemente que solo podemos resignarnos y salvar los muebles que tenemos más cerca.
HIT habla de mecanismos de defensa que creamos ante los varapalos de la vida; de los personajes que fabricamos para encajar en vez de de analizar quién somos realmente y hacia dónde queremos ir; de que, independientemente del resultado final, lo primero es tener confianza en conseguirlo; y sobre todo habla de sufrimiento y de cómo enfrentarlo para alcanzar la paz interior. Casi todo tiene que ver con dejar de engañarnos y de juzgar a los demás. El juicio es el balcón desde dónde la superioridad moral pregona sus cláusulas de amargura y odio.
Una buena mini serie para el que le interesen estos temas. Muy recomendable.

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