Suele decirse que la intención es lo que cuenta. Y no lo niego, es una frase que me gusta, pero también es importante tener claro el objetivo para que las cosas que emprendemos lleguen a buen puerto. Si el puerto es ganar algún premio hay muchos factores que influyen además de la calidad de una cinta, ahora, si el puerto es hacer buen cine pues estamos ante un naufragio.
La Boda de Rosa tiene dos cosas buenas: Una buena idea y un buen mensaje. Todo lo demás es plano, aburrido y de baja calidad. Ni siquiera el elenco de actores capitaneados por Candela Peña, escudada por Sergi López y Nathalie Poza, es capaz de arrancar el más mínimo interés a alguna escena más allá de los primeros diez minutos que sí meten en el espectador el estrés de la protagonista y como la vida se te puede venir encima.
Todo lo interesante de la cinta se revela en esos diez minutos. A partir de ahí, es decir, 1h 25m aproximadamente después, es una erial de decisiones sin sentido, con la intención de querer mostrar falta de empatía de todo el mundo con la protagonista (que sí, que no empatizan) cuando es la protagonista la que en muchas fases de la historia no es empática (que no, que tampoco lo es). El propio personaje protagonista dilapida la moraleja que sobre ella misma se quiere verter.
En resumen, un buen bodrio muy pasteloso solo apto para personas en desequilibrio emocional severo, permanente o pasajero, y con un mensaje sanador, eso sí, que todos deberíamos aplicarnos. Cada minuto de nuestras vidas lo pasamos con una sola persona, nosotros mismos, así que parece obvio cuál es la persona que más debes querer para optimizar la dupla tiempo-felicidad. Pues no es tan obvio.

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