Gracias a una recomendación de mi amigo Agustín Figueredo, le mando un saludo desde aquí, le di un visionado a esta peli.
Es básicamente un thriller de abogados, al estilo Erin Brokovich, con un mensaje final potente.
Las historias basadas en hechos reales, cómo esta, nacen con un plus de impacto ante cualquier cosa que acontezca en el guion. Solo hace falta no cagarla en la manera de contarla, y Ruffalo no la caga demasiado, a pesar de su gesto de pesadumbre como si fuera Atlas cargando el peso del mundo, pero sobreactuando.
A pesar de sus defectos, como que se hace lenta, que las escenas de tensión del matrimonio del protagonista están forzadísimas y que algún personaje entra con calzador (Bill Pullman), es capaz de mantener la tensión y tener al espectador expectante a ver qué pasa al final.
Quitando todo el atrezzo y dejando solo el núcleo, encontramos una oda a la perseverancia y a la decencia del abogado protagonista. Tan difícil de creer que dan ganas de confiar de nuevo en la raza humana o, al menos, en algunos, porque dado el mensaje final no podemos confiar en nada, ni nadie. Algo muy actual por la situación Covid.
En resumen, si te gustan los thrillers, pausados, sosegados y con final catastrofista, con un buen bol de palomitas y tu bebida favorita a mano, ronda el notable.

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