Mira que los británicos me caen simpáticos (la mayoría), gracias en gran medida a mis meses de vida allí, pero cuando ponen de parapeto aquello del “Humor Inglés”, para ocultar que sencillamente algo no hace gracia, me ponen de los nervios.
A Very English Scandal está bien hecha y tiene cosas que realmente merecen la pena. Empezando porque está basada en hechos reales, lo que siempre es un plus. El reparto y las actuaciones son de nivel. La frescura del primer episodio y la intensidad del último hacen que ya valga la pena verla. Algunos planos que muestran el costumbrismo inglés son brillantes y dejan ver que se ha invertido pasta en la producción.
Pero ese segundo episodio. Exasperante. Tratando de poner humor a una situación, que podría ser cómica, a lo mejor fue incluso cómica, pero ¿tenía que ser tan incongruente? Y es lo que tiene el humor y más cuando te acercas al absurdo, tiene que ser muy fino para que funcione y el espectador no piense “¿Pero a que viene esta mierda?”.
Aún así, si entiendes cómo funciona la glándula pineal del cerebro British y superas esa fase tan suya y tan poco del resto del planeta, tanto la historia como el ritmo con el que se cuenta son suficientes para pasar un buen rato y entrar de refilón en el turbio mundo de la política, los prejuicios y el mamoneo general de cualquiera de los poderes.
En resumen, si te has quedado sin cosas que ver que realmente te apetezcan dale un tiento. Es corta.

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