“Bah, vamos a ver una cualquiera que cuadre en el horario. Échale un ojo a filmaffinity y si tiene más de un 7…” No sé si os suena esta conversación. Pues eso es lo que me pasó con Una Vida Oculta. Luego te enteras de que es de Malick y te acuerdas de El Árbol de la Vida y te da bajona, pero también te acuerdas de La Delgada Línea Roja y te da subidón… Bueno a la peli.
Primer dato importante. Conocer al director. Terrence Malick se caracteriza por tratar de ligar los sentimientos mediante imágenes por lo que te encontrarás un montonazo de planos de campos, árboles, montañas, cielos y animalicos que parecen que no vienen a cuento (y puede que no vengan, eso ya es cómo tú lo sientas) pero alargan la película una barbaridad. Son tres horazas que bien podían haber sido dos.
No me detendré en las actuaciones porque no tienen nada especial, todos cumplen con altibajos, pero en una media de siete (salvo las escenas de juegos que están sobreactuadas). La dirección es otro cantar. Es la verdadera estrella de este tipo de cine y es el clásico “o te encanta o lo aborreces”. La fotografía es una maravilla y la colocación de la cámara y analizar el porqué la pone ahí y no en otro sitio es una de las mayores virtudes de la película técnicamente hablando. La vida del campo está perfectamente retratada en imágenes y escenas sin diálogo. Casi puedes sentir el frío de las montañas, el picor del heno o el olor de los cerdos… Te puede no gustar, pero mal dirigida no está.
Luego está el tema de la historia que es bastante sencilla y con pocos o ningún giro. Sin embargo, se enreda en ella hasta la saciedad y es la previsibilidad de la previsibilidad de la previsibilidad. El trasfondo sí que tiene más miga a pesar de ser extremadamente religioso (católico), lo que se perdona, aunque por poco, por la época y el lugar de los acontecimientos: Esa lucha entre los valores y la supervivencia; entre la rectitud y el amoldarse (que no doblegarse); entre el orgullo o la lealtad; y, sobre todo, cómo expone estos términos al juicio de lo que está bien y lo que está mal y para quién. Esta idea sí merece la pena en la película, pero es tan larga, tan insulsa por momentos y tan… lo que voy a decir en el siguiente párrafo… que mata todo atisbo de salvación.
“Que cansinos, que se mueran todos YA”. Yo lo llamo el “victimterrorismo”. Ocurre cuando expones unos personajes (los buenos) y empiezan a sufrir por lo que sea (los malos, el universo, la mala suerte) y empiezas a simpatizar con ellos. En ese punto te interesas por lo que les pase porque te sientes reflejado, se despierta interés, quieres que se salven, etc. Esto es muy humano. Pero también es humano acostumbrarse a lo extraordinario muy rápido. Eso nos ha permitido sobrevivir durante todos estos siglos. Y esto ocurre en Una Vida Oculta, te acostumbras de tal manera a las desgracias de los protagonistas que te aburren y ya quieres que pase algo nuevo, algo que rompa la monotonía. Es decir, empiezas a desearles cosas malas a los personajes “Buenos”. Van tan de víctimas (el paragüitas…) que acabas escamado con ellos.
Y no me enrollo más. Solo recomendable para los fanáticos de Malick de verdad y para todos los culturetas en general.


