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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

lunes, 2 de diciembre de 2019

El Irlandés (Película)

Una Ensalada de Estrellas. Así es como llamo yo a las películas en las que salen caras conocidas o muy conocidas o, como es el caso, casi de la familia, que se juntan para hacer una peli de amigos. El resultado es curioso, incluso, entretenido a ratos, pero nada más. Dentro de esas pelis están La Hoguera de las Vanidades, La Gran Boda, El Exótico Hotel Marigold o cualquiera de las de Batman entre la de Tim Burton y la primera de Nolan. 

Pues eso es El Irlandés, aunque nos pese. Una Ensalada de Estrellas. Bien es cierto que al principio no lo parece y los primero 40 minutos se disfrutan con las presentaciones de los personajes. Robert de Niro y Joe Pesci nos evocan a la gran Casino, preparándonos para una exposición profunda de una historia que pinta muy interesante. Bobby Cannavale aporta, con acierto, la cara nueva del grupete de mafiosos célebres que tanto le gustan a Scorsese. 

Y de pronto aparece Al Pacino y se cierra el club y con él el inicio del fin del interés en la película. Todo lo expuesto de inicio se convierte en un batiburrillo de historias sin cerrar y de personajes a medio explicar. Da la sensación de que se han buscado una excusa para parecer que están contando algo para no tener que currarse un guion que realmente cuente algo. Vamos como un discurso de un político. Unos 15 minutos después de la aparición de Al Pacino (y su personaje nuclear Hoffa) toda la trama se reduce a diálogos casi idénticos, en casa, por teléfono, en una cafetería, una fiesta, dónde sea, pero solo diálogos casi idénticos. Un partido de tenis para tratar de convencer a unos y a otros, y entre medias al espectador, de que aquello no va a acabar bien. Y en este punto te queda la friolera de 1 hora larga de peli por delante. 

La cuestión es que Scorsese es tan bueno como cualquier político y, como la historia despierta curiosidad, te mantiene sentado entre bostezo y bostezo sin querer dormirte para ver qué traca final te suelta porque estás convencido de que merecerá la pena. 

Lo malo es que los buenos políticos siempre defraudan, aunque algo de poso dejan. Ese poso, en mi caso, es entender lo que ocurrió con Jimmy Hoffa y profundizar en la frase “quien a hierro mata, a hierro muere” que es lo poco que se saca de la historia. ¡Ah sí! Y que si eres gánster y mueres de viejo posiblemente lo hagas solo. 

Mención especial merecen los efectos de rejuvenecimiento que tan de moda ha puesto la película, llegando incluso a iniciar un debate sobre la necesidad de los dobles o el maquillaje. La cara está muy conseguida pero los movimientos siguen siendo los de un viejo con cara de más joven así que, de momento, bajo mi humilde opinión, los dobles pueden estar tranquilos. Los maquilladores… ya veremos. 

En resumen, se lo han tenido que pasar muy bien rodándola y el reencuentro les habrá merecido la pena, pero al espectador le queda una sensación agridulce. Dulce por los recuerdos de aunténticos Hits protagonizados por los actores y de los que hay pinceladas y alguna escena relamente buena. Agri porque podía haber sido mucho mejor y la mano del marketing explota-hypes de Netflix se intuye detrás de todo este producto.

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