El director se abre en canal tanto en el guion como en la dirección. La forma de contar esta historia autobiográfica, es tan cercana que parece increíble que te esté contado algo tan íntimo. Es una historia de depresión, de dolor constante, de vivir atrapado en el drama emocional infinito y a pesar de ello tener éxito o mejor dicho tener lo que de manera superficial y desde el exterior se podría considerar éxito. Incluso en esta situación la felicidad se abre paso, aunque sea en pequeñas y esporádicas dosis y es que la felicidad es como un recién nacido que empuja y empuja hasta que nos permitimos sentirla.
La película peca de una extrema dramatización en algunas escenas y una “cagapenitis” que puede considerarse excesiva, pero ocurre poco y para nada mancilla el resto de la cinta, sobre todo para quien sepa lo que es deprimirse de verdad.
Lo mejor a parte de la historia ya de por sí buena son dos cosas: 1. La actuación de Banderas que hace el papel de su vida. Está impecable, metiéndose en el personaje de tal forma que a veces no sabes si estás viendo a al Almodóvar con una careta, de estas de Misión Imposible, de Banderas. Una grata sorpresa. 2. Como integra las casualidades en el devenir de la historia y cómo gracias a estas casualidades la carga emocional toma un sentido extraordinario.
En resumen, una película que deja buen sabor de boca y una sensación de nostalgia que puedes traerte a tu propia existencia. Recomendable.

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