Una mazmorra. Cuatro héroes, cada uno con sus características y equipo. Una misión. Y un montón de bichejos a los que superar. Todo ello en un arcade 2D con una ambientación brutal ¿Alguien da más? Pues venga, además que la curva de dificultad te lleve hasta el Everest.
Eso es Darkest Dungeon. Una gozada al principio, mientras descubres, sin tutoriales, los recovecos del juego; a la mitad cuando pones todo lo que tienes en liza contra la máquina; y al final… Bueno al final no es una gozada… al final es una putada. Tengo que confesar que no he sido capaz de acabarlo. Se requiere demasiado tiempo, expertise, prueba-error y algo de suerte. Tienes esa sensación tan ochentera de que la máquina te hace trampas.
No voy a desmigar mucho el juego. Como punto fuerte sólo diré qué si te gusta el rol de verdad, el de contar cada % de bonificación o penalización, cada punto de vida extra o cada ventaja en la iniciativa, por pequeña que sea, te va a encantar Darkest Dugeon. Gran variedad de clases, cada una con sus ataques y por ende con sus estrategias; necesidad de utilizar los buffeadores en niveles altos sí o sí; hemorragias o infecciones que quitan poca vida, pero de manera constante; aturdimientos para bloquear turnos enemigos o ataques en melé; reposicionamiento de los contendientes para tomar ventaja en momentos clave. En definitiva, un montón de opciones que hacen de la jugabilidad un campo casi infinito en el que perderse.
He dejado para el final el tema del estrés. Por primera vez es un punto importante a tener en cuenta a la hora de gestionar nuestro grupo de aventureros. Las mazmorras, los monstruos, los críticos, casi todo en Darkest Dungeon genera estrés. Y el estrés lleva a enfermedades de lo más graciosas que inciden directamente en las habilidades de los personajes. Curarlo conlleva un coste que no siempre será posible asumir. Así que en este juego hay que estar preparado para perder y llevar bien el tema del desapego te ahorrará algo de sufrimiento porque tus héroes mueren y mucho.
No es un juego para los amantes de la acción del aquí te pillo, aquí te mato. Al principio se puede ir un poco a lo bestia pero luego hay que planificar en que se gasta cada moneda de oro, cómo me muevo por la mazmorra y qué necesito curar en los campamentos. Los gráficos son estáticos, pero la estética es tan maravillosa y la voz del narrador tan profunda que se goza. Se puede jugar en castellano sin problemas, pero las voces son en inglés y entenderlo mejora la experiencia (solo un poco).
En resumen, un come-horas muy serio para los fanáticos del rol a la antigua usanza, el de pensar y gestionar mucho, en un ambiente tétrico muy conseguido con un 2D avalado por un gran grafismo. Aparentemente sencillo tiene muchos más recovecos de los que parece. Abstenerse jugadores impacientes, más amantes del shooter y los motores 3D.

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