Americanah es una buena novela, de esas que te enganchan, de lectura grácil y que toca temas candentes desde varios puntos de vista. Ha vuelto a recordarme el placer que se siente cuando te apetece volver a un libro al estar lejos de él y no soltarlo cuando lo tienes entre las manos. Hacía tiempo que no me pasaba por diversas razones que no vienen al caso (gracias Encar).
Es una lectura con multitud de virtudes que enumeraré después, pero va de más a menos y, como en las buenas etapas del Tour, tiene un puerto de segunda hacia la mitad y un puerto especial para el final. Cortito, pero duro. Este perfil de lectura podría ser mortal para cualquier lector, pero la forma de escribir de Adichie es tan llevadera, natural y divertida que las piernas aguantan sin problemas. El final es sorprendentemente empalagoso con respecto al resto del libro y se hace repetitivo en escenas donde la autora quiere hacer tanto hincapié que al final aburre.
Dicho esto, voy con las virtudes. Los personajes son una maravilla. Incluso los terciarios o cuaternarios. Los protagonistas y los secundarios son un ejemplo de como crear personajes intensos, coherentes, profundos, diferentes y vivos. Es, sin duda, el gran don de Adichie. Luego está la historia que es apropiada para todos los mensajes que se quieren incluir en ella. Es sosegada, rezuma normalidad, con picos de excepcionalidad entendibles y que le dan vidilla a la acción. Pero es en los mensajes donde el libro tiene su segundo gran punto fuerte.
Por un lado, la manera de contrastar dos culturas, dos países, tan distintos como son Nigeria y EEUU (aunque podrían haber sido otros dos cualquiera). Como cambian las visiones, las mentalidades y la forma de actuar de las mismas personas mamando cultura, conociendo gentes y costumbres de un sitio o de otro, en una etapa de su vida o en otra. Como salen a relucir las miserias y los egos, las prepotencias y las humildades, como cambian las prioridades, cuando estás en una posición o la contraria.
Por otro lado, el punto central, la forma de hablar del racismo. Despegando, a veces con delicadeza, a veces a tirones, los clichés que tenemos grabados y que nos siguen llegando de la sociedad, desmenuzándolos sin contemplaciones, poniendo luz en lugares comunes que siempre han existido y nadie quiere alumbrar. Es precisamente en este punto donde la autora peca de insistente, como aquel que encuentra una bonita melodía y te machaca durante un año con ella. Según descubres todo lo que quiere expresar Adichie, te apasiona, realmente te abre la mente, cuando lo repite hasta tres veces te satura.
En resumen, una gran novela con grandísimos personajes, temas milenarios, aunque aún candentes, tratados con originalidad y una lectura placentera casi todo el camino con un pelín extra de azúcar pseudo-adolescente al final. Totalmente recomendable.

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