Tenía muchísimas ganas de ver esta película ya que se estaba
convirtiendo en una de esas pelis-gafe que por unas cosas u otras nunca puedes
visualizar. Perdida ya toda esperanza y habiendo caído en el olvido de mi
memoria de pronto me la encuentro entre mis manos. Gracias, Inma Moreno Salces.
Lo malo de las expectativas es que, si se cumplen, pues eso,
cumplen, pero si no se cumplen, te hunden. Del peliculón que esperaba se ha
quedado en una historia curiosa, enrevesada y por momentos divertida, que lanza
un crochet al mentón del victimismo, la critica fácil y el juicio de la sociedad, o, por no generalizar, al de la raza humana. Al releer mi propia frase me doy cuenta de
lo buena que es en realidad, pero no quiero llevar a engaños como un vulgar
crítico de periódico o revista de gran tirada; es lenta. Sobre todo, al
principio. Vale que la historia es poco común pero no da para estirarla tanto.
Al hecho de ser lenta hay que sumarle que los personajes
hacen cosas que se salen de lo común pero no tienen ninguna profundidad, ni
falta que hace, son así y punto. Además, lo que le da frescura es que es una historia real. No hace falta intentar profundizar en
ellos ya que el efecto que se consigue es el de ralentizar aún más las fases de
preparación de la acción.
Hasta aquí lo malo. De bueno tiene mucho. Empezando por
Margot Robbie que hace un papel que le viene como anillo al dedo y raya a su
mayor nivel (sea este el que sea). Continuando con una historia deportiva de superación,
malos tratos, éxito mal entendido, perseverancia, drama social, drama familiar,
dobles varas de medir, injusticia, justicia y todo lo que se quiera poner en esta lista. Tiene de todo, la verdad. Y Terminando con la verdadera joya de la cinta que es esa pregunta
lanzada al espectador criticón de sofá, ejecutor de mando a distancia e
inquisidor de café y donut, que deja al cobarde que todos llevamos dentro al
descubierto. ¿Quién eres tú para juzgarme? Y más en estos tiempos que vivimos de
anhelo de lapidación pública y linchamiento callejero promovido por los medios
de comunicación, facilitado por los políticos y aceptado por la opinión pública.
La historia sólo deja una cosa clara, que cada uno tenemos
nuestra verdad y es tan válida como la del otro. Tanto preocuparnos por los
derechos humanos y día tras día vemos, incluso, vitoreamos, en la televisión
machacar verbalmente a personas que puede que estén en sus casas con una
cuchilla en la muñeca mientras escuchan las mierdas que vierten sobre ellos (también es verdad que es tu responsabilidad gestionar esas críticas, infundadas o no). Y todo basándonos en una verdad ficticia,
inventada, real o no. Eso no importa si tú decides creer que lo es.
En resumen, una historia real sobre una patinadora top de
vida truculenta que deja un mensaje para darle una vuelta. Una pena que sea
haga un pelín larga. No digas que no te he avisado.

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