Cuando Disney se hizo con Pixar, allá por 2006, a muchas gente, y me incluyo, le temblaron las canillas, lloraron en silencio o se asomaron a la azotea de su edificio con intenciones suicidas, como si su hubiera muerto Freddy Mercury, otra vez, o el mundo del arte hubiera perdido un referente en el género. Lo cierto es que desde entonces Disney Pixar ha hecho grandes películas de animación, ha sabido mantener la esencia Pixar y ya llevamos 11 años de éxitos. Coco es uno más.
Estamos acostumbrados a unos apartados técnicos perfectos desde hace años en este tipo de películas. Es complicado para un ojo que no sea experto, yo no lo soy, el detectar fallas o puntos de mejora. En Coco diré que no sólo han conseguido unos gestos faciales increíblemente reales y emotivos, es que además el espectáculo de colores es una maravilla. Se adapta al devenir de la historia como un personaje más y hay escenarios dignos de admiración con sólo observarlos. Dejarte durante unos minutos con la boca abierta no es fácil después del primer quinto de siglo XXI (se dice pronto).
La historia que cuenta es muy bonita, está perfectamente hilada (cada detalle y cada gag) y sin ser súper rebuscada tiene sus giritos. Tampoco requiere más para el objetivo final de llevar al espectador a un clímax emocional de los más potentes del año en el cual, el que no derrame alguna lagrimilla o al menos sienta un nudo en la garganta está directamente de prestado en esta vida o algo no está haciendo bien emocionalmente.
Una de las virtudes de las películas de animación es coger un tema, tradición, cultura, rito, etc. más o menos mundialmente conocido y explotarlo para crear escenarios imposibles ya sean inusualmente tenebrosos o especialmente bellos. No he visto ninguna película que haga esto mejor que Coco. Es sin duda su punto más fuerte.
Es difícil hablar de los personajes sin Spoiler así que sólo diré que son tan dulces como su acento mejicano y que la inmersión en sus historias por parte del espectador es total. Quizás los secundarios deberían haber tenido algo más de chispa para apoyar en esa parte intermedia de la película que se hace algo lenta y pastosa después de un inicio trepidante y que te engancha. Aún así el protagonista tiene tanta fuerza y encarna tantos valores positivos que la magia permanece a pesar de esos 30 minutos insulsos. Las canciones sin ser malas no son pegadizas los que tampoco ayuda demasiado.
En resumen, Pixar lo ha vuelto a hacer, un largometraje para mayores de 8 años con una buena historia, con buenos personajes y una puesta en escena sorprendente y espectacular. Muy recomendable en cualquier momento de tu vida, eso sí, no olvides tu guitarra.

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