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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

martes, 19 de diciembre de 2017

Star Wars VIII: Los Últimos Jedis (Película)

Cualquier sistema en movimiento, es decir, vivo, utiliza sus componentes para mantenerse en funcionamiento. Estos componentes son perecederos, nacen, alcanzan un punto de óptima utilización y finalmente se vuelven obsoletos y mueren. El propio sistema se encarga de expulsar estos componentes obsoletos que ya no son útiles sin un miserable gracias. Así es la naturaleza y así es el marketing.

Soy un componente obsoleto del universo Star Wars. Me ha fascinado, lo he vivido con todas mis fuerzas, me he aprendido cada nombre de personaje, ubicación o nave, he discutido con amigos y familiares, he idealizado y filosofado sobre la extrapolación de la historia sobre el devenir real de la humanidad. He gastado dinero e invertido tiempo y he recibido a cambio diversión y pasión. Pero he sido defecado por el sistema. Los últimos Jedis es una película que no aporta absolutamente nada si no eres millennial. Es una copia con distintos nombres. Una copia con actores adolescentes del momento, es decir malos pero coloridos, y personajes planos y maniqueístas. Una copia con ganchos que dan sus últimos coletazos con la esperanza de pescar incautos obsoletos como yo, y de paso a sus hijos.

Por ser ecuánime en la crítica seré breve, el malo tiene cara de panoli aunque ha mejorado con respecto al episodio VII, las tramas son absurdas y tramposas con el espectador pero funcionan con millennials con poco recorrido, cualquier cosa que te haga pensar es inexistente y no hay ni un sólo personaje fuera de Luke y Leia (ésta nunca lo fue y ahora es la segunda) que sean carismáticos. Todo esto escrito desde la carcasa obsoleta, viejuna y expulsada vía esfínter que soy para Star Wars y Disney. Encima es larga.

En resumen, un buen producto de marketing que aprovecha todos los fuegos artificiales de Star Wars para crear nuevos fans del cine de acción y vender muchas figuritas pero que se aleja cada vez más de la esencia educadora de los años setenta y ochenta. Eran otros tiempos, otras preocupaciones y otros mensajes que dar. Ahora el componente óptimo son los millenials. La pregunta es ¿Qué obsolescencia tienen ellos? Yo no voy a más.

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