Cualquier sistema en movimiento, es decir, vivo, utiliza sus
componentes para mantenerse en funcionamiento. Estos componentes son
perecederos, nacen, alcanzan un punto de óptima utilización y finalmente se
vuelven obsoletos y mueren. El propio sistema se encarga de expulsar estos
componentes obsoletos que ya no son útiles sin un miserable gracias. Así es la
naturaleza y así es el marketing.
Soy un componente obsoleto del universo Star Wars. Me ha
fascinado, lo he vivido con todas mis fuerzas, me he aprendido cada nombre de
personaje, ubicación o nave, he discutido con amigos y familiares, he
idealizado y filosofado sobre la extrapolación de la historia sobre el devenir
real de la humanidad. He gastado dinero e invertido tiempo y he recibido a
cambio diversión y pasión. Pero he sido defecado por el sistema. Los últimos
Jedis es una película que no aporta absolutamente nada si no eres millennial.
Es una copia con distintos nombres. Una copia con actores adolescentes del
momento, es decir malos pero coloridos, y personajes planos y maniqueístas. Una
copia con ganchos que dan sus últimos coletazos con la esperanza de pescar incautos
obsoletos como yo, y de paso a sus hijos.
Por ser ecuánime en la crítica seré breve, el malo tiene
cara de panoli aunque ha mejorado con respecto al episodio VII, las tramas son
absurdas y tramposas con el espectador pero funcionan con millennials con poco
recorrido, cualquier cosa que te haga pensar es inexistente y no hay ni un sólo
personaje fuera de Luke y Leia (ésta nunca lo fue y ahora es la segunda) que
sean carismáticos. Todo esto escrito desde la carcasa obsoleta, viejuna y
expulsada vía esfínter que soy para Star Wars y Disney. Encima es larga.
En resumen, un buen producto de marketing que aprovecha
todos los fuegos artificiales de Star Wars para crear nuevos fans del cine de
acción y vender muchas figuritas pero que se aleja cada vez más de la esencia
educadora de los años setenta y ochenta. Eran otros tiempos, otras
preocupaciones y otros mensajes que dar. Ahora el componente óptimo son los
millenials. La pregunta es ¿Qué obsolescencia tienen ellos? Yo no voy a más.

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