Para criticar esta película hay que tener en cuenta que es
de 2003. Han pasado la friolera de 13-14 años llenos de redes sociales que
facilitan la llegada de los mensajes, de crecimiento brutal de libros de
autoayuda, de Mr.Wonderful y demás mierdezas Happy antidepresivas
inventadas para hacernos la vida más fácil cuando en realidad nos hace
más débiles y victimizables.
Dicho esto en 2003 Lost in Translation fue algo
relativamente original pero no es una película para el gran público. A los más
jóvenes se les hará lenta, a los que vivan una vida feliz plena (sin
autoengaño) se les puede hacer estúpida y a los que no tienen tiempo para
pensar en depresiones pues no tendrán tiempo tampoco de ir al cine. Sin embargo
para aquellos que estén atravesando o hayan atravesado algún tipo de crisis (en
realidad todos los que tengan algo de sensibilidad), ya sea la de los 40, la de los 60 o
la que sea es una película, que sin ser excelsa, refleja muy bien esas
sensaciones por medio del personaje de Bill Murray. Que por cierto está muy muy
bien.
El arco de la historia de Scarlett Johansson pues es más
mundano, más normal. Al final es la mitad joven del cóctel y en la juventud las
crisis se dan más a menudo y con intensidades más radicales pero mucho más
cortas, a fin de cuentas tienes tiempo tanto de arreglarlas como de generar más
sin importar demasiado. Aún no ves la muerte ni de lejos.
La ambientación es muy buena ya que no hay un sitio mejor que Japón como marco surrealista, ¿hay una cultura más surrealista? (desde el punto
de vista occidental claro), para contar esta historia de reencuentro de uno
mismo.
En resumen, una peli lenta pero bien dirigida y representada, también los secundarios tiene su punto de profundidad, que ahonda con acierto en los difíciles momentos que atravesamos todos los
seres humanos alguna vez de no saber, ni dónde estás ni quién eres, ni cómo has
llegado hasta ahí. Abstenerse corazones de hierro.

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