La La Land pretende ser un musical como los de la vieja escuela pero en el siglo XXI. Y eso es exactamente lo que es con los pros y los contras de pertenecer a este siglo donde todo lo que se hace se hace rápido y con una calidad lo suficientemente buena como para colárnosla pero sin llegar nunca a ser excelsa.
La historia es bonita, el argumento manido pero bien
dirigido y el final te da lo que se espera de estas películas (o de cualquier
película) que salgas diciendo que ha merecido la pena. El metraje es
adecuado y en todo momento estás metido en la película lo que se agradece y
mucho.
En cuanto a los actores, y teniendo en cuenta que no hay un
actor extraordinario hoy en día, por mucho bombo que se les dé o hype y marketing que
se les quiera comprar, es otro mal del siglo XXI, se nota que se lo han currado porque
ninguno es bailarín pero distan mucho de las parejas de musicales del siglo
pasado. Estos eran bailarines y luego actores.
Mira que Ryan Gostling es de mis actores favoritos
hoy en día, con poquito que haga no tiene competencia, y Emma Stone tiene
una cara y unos ojos suficientemente especiales como para triunfar en
el mundo de mediocridad que vivimos pero ninguno está de Óscar. Cumplen
bien.
En resumen La La Land es un musical correcto, con
una historia bonita que te pondrá un nudo en el estómago y al menos te hará
sentir algo y con moraleja para el que se la quiera encontrar. Saldrás del cine
contento.

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