Si alguien tirara un bote de pintura sobre una obra de Miguel Ángel y luego hiciera un grafiti encima (de los feos), la pintura trataría de emborronar la escultura, pero si te acercaras lo suficiente aún podrías apreciar los pliegues de la ropa esculpidos con maestría o la sensación de movimiento conseguida en un bloque de mármol. Esto es lo que pasa más o menos con esta serie. Se apoya en un obra maestra como el relato de Poe para luego poner todo tipo de adornos, con más fallos que aciertos, del siglo XXI.
En cualquier caso la serie está bastante bien hecha si te acercas y obvias el grafiti Woke y los discursitos buenistas superficiales que infantilizan el profundo debate sobre la naturaleza humana. Y, aunque va de más a menos con un último capítulo ramplón, atrapa al espectador y se disfruta como entretenimiento sin más. No esperéis las diatribas psicológicas y metáforas complejas sobre la dualidad que propone Poe. La serie, sin estar exenta de intentarlo, no alcanza la profundidad necesaria para no considerarla una buena historia de fantasmas sin más.
Los actores, uno de los grandes valores de la producción, con nombres como Bruce Greenwood, Carla Gugino, Kate Siegel, Zack Gilford, Willa Fitzgerald o Mark Hamill, sujetan el producto con garantías y lo hacen brillas por momentos. Otros como T'nia Miller o Henry Thomas se asoman al abismo del ridículo, sobre todo la primera.
En resumen, 8 capítulos de una hora aprox. de los cuales 7 enganchan y son graciosos de ver. Realmente esperas el siguiente, que ha cogido la base (y el nombre) de un relato de Poe para alargarlo y meter una capa más de personajes(con acierto la mayoría de las veces) y de wokismo(con desacierto). Podría haber sido mucho mejor, pero no se puede decir que sea mala.



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