Una de las tres grandes películas españolas del año. Dicen que es un gran año. Siempre el medir las cosas es algo subjetivo, depende de con qué compares y la definición que des de bueno y malo. Que haya tres peliculones, que lo son, en un año para un país de la aparente talla de España pues habrá a quien le parezca poco bagaje, pero bueno. Parece que la academia está contenta.
Cinco Lobitos es una historia de esas que te llega desde el minuto uno porque, no solo está interpretada de manera magistral, sino porque permite al espectador identificarse muy mucho con cada personaje y su entorno. Todo nos es familiar, al menos para los que somos de mediana edad. Reconocemos a nustros padres en los padres de la protagonista y a nuestros hijos en su bebé. Reconocemos la casa paterna, las costumbres, el "Esta es mi casa y se hace lo que yo digo" y el "Cuando seas padre (o madre adaptado a estos tiempos) comerás huevos". Reconocemos también los problemas de conciliación, tan propios de nuestra generación. Es una película que miras de principio a fin con esa mirada de nostalgia, de verte refleja y entender de pronto el paso del tiempo.
La dirección es asombrosa para una directora novel. Sencillamente espectacular. Te cautiva en cada plano, ya sea en el mercado, en la casa, con el vecino. Por no hablar del trabajo de interpretación, donde, no solo el actor o actriz debe lucirse, sino donde la responsabilidad del director tiene un papel clave. El tempo de la película está muy bien medido, con ese avanzar lento pero no aburrido, y con un metraje justo, algo muy de agradecer hoy en día.
Las interpretaciones, pieza angular de la película debido a su historia y cómo se cuenta, son espectaculares, sobre todo las de ellas. Susi Sánchez lo borda de tal manera que es díficil pensar cómo podí haberlo hecho mejor. Parece una madre de verdad. Es que le da una vida al personaje hiperrealista pero a la vez bien metida en la historia. Laia Costa sigue mejorando y va camino de convertirse en una super actriz de referencia, yo diría que internacional si se lo propone. Y lo mejor es que no tiene ínfulas de superioridad como en generaciones anteriores, que, aunque talentosas, rezuman soberbia. En cuanto las actuaciones masculinas decir que también están muy bien, sobre todo Mikel Bustamante, pero sus personajes tienen menos peso en la historia y no son comparables sus compañeras.
Y en cuanto al mensaje, pues me quedo con la gestión de prioridades vitales y cómo te cambian la forma en la que vives la misma situación, demostrando una vez vez más que la realidad no existe, si no que la creamos nosotros con la interpretación que hacemos de las situaciones.
En resumen, una peli de las que te dejan una lágrima al final, quieras o no. Al menos un nudito en la garganta. De las que sientes muy tuyas. Totalmente recomendable para todos los públicos pero sobre todo para personas que hayan sido padre o hijos a finales del siglo pasado.
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