Y es que una historia mimada hasta el extremo, con un cuidado minucioso de cada personaje y situación, acaba en un final incoherente que le hace perder toda la magia. En cualquier caso y sin hacer spoilers merece la pena su visionado, como merece ver como se hace un rascacielos aunque el resultado final no nos encante.
Absolutamente todo en esta película es bueno, salvo dos cosas. Una de ellas excepcional y otra que baja un poco la nota.
La dirección, la fotografía, el vestuario, las actuaciones, los diálogos, el costumbrismo, la tensión, todo esto es una pasada. Muy disfrutable. Puro Sorogoyen.
Lo excepcional son tres escenas, sobre todo un plano secuencia entre Marina Foïs y Marie Colomb, que transmiten como si el espectador estuviera allí mismo y hacen entender, de una forma tan pura, puntos de vista tan distantes y a la vez tan justos, que, cuando acaban, te dejan sin respiración en plan "Joooder, que escenón". Lo mismo pasa en el bar con Denis Ménochet y Luis Zahera. Dos escenas de premio.
La bajada de nota lamentablemente es el tempo. Demasiado lenta o demasiado larga. Aunque bien es cierto que los parajes naturales y la vida del pueblo reclaman este tipo de velocidad, te descubres tres o cuatro veces con el bostezo apretando el gaznate.

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