Fernando León de Aranoa lo vuelve a hacer. Sus películas pueden gustar más o menos pero no se pude negar la profesionalidad y meticulosidad que pone en cada uno de sus trabajos.
La película es un retrato ácido de la convivencia eterna de clases entre los jefes (o mejor dicho patrones) y los empleados, bañado con notas de humor, para completar un cóctel perfecto. La crítica puede resultar algo gruesa, puede parecer excesiva, puede pensarse que se ha novelado para encajar los chistes, pero en el fondo, la película transforma, paulatinamente, la sonrisas inicial del espectador en una mueca entre estupor e indignación, puesto que es imposible no identificarse con alguno de los personajes y es imposible no percibir que lo que simula una exageración en la película ocurre, puede que en menor grado pero con la misma falta de escrúpulos, en nuestros empleos.
Con los actores ocurre como con los ingredientes de una receta, pueden se de la mejor calidad pero si no los mezclas adecuadamente y les das la cocción necesaria y justa, pues te sale una birria de plato. Aquí todos están tremendos gracias a esa calidad que atesoran y a la mano del cocinero. Mención especial merece Bardem con una actuación memorable, gracias también al personaje memorable que le ha tocado interpretar. Los años le mejoran gratamente y los registros que domina son cada vez más. Un gran referente patrio en lo que actuar se refiere.
La historia es una maravilla. Sencilla, concreta, cotidiana incluso, pero que permite cabida para todos los juegos que plantea el guion. A todas las perversidades, pequeñas y grandes, que busca la fama desmedida; A todas las vejaciones, pequeñas y grandes, que los empleados se dejan hacer por miedo a la supuesta clase superior; A todas las manipulaciones que se llevan a cabo de arriba a abajo y de abajo a arriba, poniendo de manifiesto que el dejarse pisar no es tanto un tema de galones sino de respeto a uno mismo; A todos los conflictos de intereses que surgen cuando se trata de sobrevivir demostrando que la realidad en la que vivimos no es más que un gran escenario, lleno de farsa, que equilibramos para tratar de ser felices.
En resumen, una película imperdible, sobre todo en este año especialmente árido, incluso atravesando el desierto de creatividad que estamos atravesando. Muy recomendable.



