Alemana. 3 temporadas. Entre 8 y 10 capítulos, de unos 45 minutos de duración, cada una.
No se puede negar que DARK recupera el espíritu de Perdidos, o mejor dicho, la forma de entretener estilo J.J. Abrams, que no es otra que mantener la atención, enganchar al espectador con giros y giros con la complejidad justa para parecer enrevesados, pero la sencillez necesaria para no sentirse completamente desorientado, para al final resolverlo con un truco de magia.
Narra la historia de un pueblo en el que comienzan a ocurrir cosas extrañas. Las dos primeras temporadas se centran en entender esas cosas extrañas ¿por qué ocurren? ¿quién esta detrás? ¿cuál es su significado? y lo hace mediante un guión rebuscado pero brillante, con una serie de personajes que acabas considerando de la familia, un casting que raya la perfección y una calidad técnica más que digna para una serie europea. Los giros se producen una y otra vez, y cuando crees que has llegado al final del laberinto, vuelve a girar. Lo que está muy bien, pero hace que la segunda temporada se te haga bola, ya que aparece la sensación de mareo de perdiz. Es decir, dar vueltas y vueltas sin para qué, que se diluye, se pierde, desaparece. Y sin para qué la motiviación comienza a extender sus alas para escapar.
Afortunadamente esa motivación no llega a levantar el vuelo del todo y el tirón de la curiosodad aguanta hasta la tercera y última temporada que está diseñada para resolver los enigmas y atar los cabos sueltos. Pero hacen trampas. No quiero hacer spoiler así que lanzaré un metáfora que no desvele nada de la serie pero que al terminar de verla tenga sentido: Dark es la explicación de todos los fenómenos químicos, físicos, cuánticos, temporales, multidimensionales, etc. que ocurren dentro de una paella: cómo el azafran penetra en el arroz, cómo la unión de todas las verduras del sofrito le proporcionan ese sabor intenso, cómo la cáscara de las gambas permite ese equilibrio perfecto entre la cocción del cuerpo y la expulsión de sabrosos líquidos hacia el resto de ingredientes, cómo el tomate obra su magia y separa su dulzura y su acidez para texturizarlo todo, cómo un minuto más o menos al fuego determina el punto del plato... Todo eso solo para que al final llamen a comer, a nadie le importe una mierda lo que ha pasado dentro de la paellera y sea devorada con un trocito de pan y una buena cerveza.
En resumen, una serie entretenida, que te hará coger papel y lápiz para poder seguirla, que mantiene el interés hasta bien entrada la segunda temporada, y que termina dignamente aunque haciendo un poco de trampa, lo que se les perdona después del currazo de hacer la paella. Abstenerse personas que no soportan la incertidumbre de no entender los viajes en el tiempo, el determinismo y los multiversos.

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