La Guerra Civil. Ese periodo de la historia de España en el que el caos y el descontrol acentuó el crecimiento de los extremos en busca del poder y minimizó el pensamiento moderado para dejar un reguero de hambre, sufrimiento, muerte y hastío que, lamentablemente, cristalizó en un odio imperdonable entre compatriotas. Pero nos pese más o nos pese menos, nos ha traído hasta aquí; El hastío, con el odio agotado, nos unió trayendo los maravillosos 80’s y 90’s, época dorada de la España moderna; y el odio, con el hastío olvidado, nos vuelve a partir trayendo las viejas rencillas al candelero y emborronando el futuro.
Pero obviando toda esta parrafada, que se me ocurrió al visualizar la última escena de la peli mientras una lagrimilla, enjugada antes de que nadie se percatara, se deslizaba triste por mi mejilla, vamos a la crítica en sí.
El reparto hace un trabajo impecable, del primero al último, y con un Elejalde top, representando a un Unamuno creíble e identificable. El vestuario, escenarios, fotografía y demás aspectos técnicos están al nivel habitual de Amenábar, que si se la ha pegado alguna vez ha sido por los guiones y no por su forma de hacer cine. O lo que es lo mismo, cada detalle está cuidado al milímetro y hay que estar atentos a cada plano porque te puede hacer uno de esos guiños que le encantan al director, como en la escena de las dos banderas, la monárquica y la republicana ondeando a la vez.
En cuanto a la historia tiene ritmo, te mantiene atento y curioso y la distribución de escenas y tiempo entre los personajes es óptima. Todo tiene sentido. Nada sobra. Por poner un pero, una explicación al principio de por qué se produce el alzamiento hubiera contextualizado algunas escenas mejor, pero bueno.
En resumen, una película de calidad, dirigida por uno de nuestros mejores directores, moderada, entretenida y que cuenta muchas cosas de aquel conflicto, algunas con licencia histórica, otras con rigor y otras simplemente al servicio del drama. Pero que nadie se lleve a engaños, no es La Vaquilla, aunque Amenábar ha sido más valiente que Berlanga, mojándose la mitad. Cosas de épocas.

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