Cometí el error de plantarme en el aeropuerto a las puertas de un viaje muy largo sin un libro en mi equipaje de mano. Me pasé por un Relay de Barajas y me encontré con este ejemplar de bolsillo de Un Mundo Feliz de Huxley. Por aquello de las fallas de la memoria después de los treinta y cinco no fui capaz de recordar si me lo había leído de adolescente o no. El argumento lo conocía gracias a la tabarra que dan los medios de comunicación con Huxley y Orwell, comparándoles como si fueran enemigos en cualquier articulillo con ínfulas, esporádico y generalmente cuatrimestral, que pretende destripar la realidad social de nuestro mundo como si fueran caras de una misma moneda. Pero no recordaba haberlo leído. Así que lo compré.
Que puedo decir que no se hay dicho ya de este título. Hace pensar, sí, pero no más que Matrix por poner un ejemplo; Es sorprendente que se escribiera en 1932, sí, sobre todo dado el acierto en algunos aspectos de ese futuro imaginado hoy en día: marketing condicionante a espuertas, entretenimiento a toneladas y obligatorio, drogas para huir de la desdicha, y trabajo especializado y esclavo, como receta de la felicidad; Está bien escrito, no, me recordó un poco a Asimov: Una gran idea plasmada en una historia utilizada como canal de comunicación. Una vez captas lo que el autor te ha querido decir en cada escena, el resto te aburre hasta la siguiente, puesto que el objetivo no es la historia en sí misma, sino la idea de ese futuro tan genial y tan terrorífico a la vez.
A parte de esta lectura superficial del mensaje del libro sobre el futuro yo me quedo con el significado de libertad y de felicidad que Huxley nos obliga a buscar y que no vamos a encontrar por muchas vueltas que le demos. Esto es debido a la exquisita objetividad con que el libro está escrito. Lo mejor sin duda. El lector debe evaluar lo que está bien y lo que está mal prácticamente en cada capítulo. Y la conclusión final es que nada está bien o mal y eso nos molesta porque nuestro cerebro está diseñado para las certezas, pero en esta cuestión no hay certeza. Por eso nos las creamos, nos las creemos y las defendemos a muerte. Para poder estar tranquilos y vivir. Somos esclavos de nuestra percepción y buscamos hacer tangible lo intangible. Laberintos sin solución.
En resumen, un gran ensaño disfrazado de novela sobre lo que es la felicidad y la libertad. Dos preguntas que no deberían dejar indiferente a nadie, imprescindibles y necesarias para flexibilizar nuestra psique. Obligatorio leerlo al menos una vez en la vida y si no recuerdas si lo has leído, obligatorio releerlo.

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