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Nacido de la necesidad de luchar contra el postureo y el culturetismo interesado de los medios profesionales, este es un blog de críticas cortas, ecuánimes y cercanas que tienen como objetivo ayudar a decidir o descubrir acerca de pelis, libros, videojuegos o novelas gráficas.

jueves, 20 de noviembre de 2025

Frankenstein (Película 2025)

 
Me pregunto de donde sale esa obsesión de los cineastas de hoy en día (Guillermo del Toro tiene años ya para estos crímenes) de coger algo que funciona o ha funcionado y querer romperlo para adaptarlo a unos tiempos que no corresponden a esa obra o para expresar un mensaje que nada tiene que ver con el original. Las motivaciones que se me ocurren a bote pronto son: Ganar dinero, imponer unas ideas o valores, posturear de transgresores y no se me ocurren más y menos alguna relacionada con el arte.

Si quieres transmitir algo, lo que sea, desde un concepto filosófico a la disección de una emoción o simplemente para entretener a base de mamporrazos ten la decencia de crear un nuevo personaje, una nueva historia, pero manosear lo que ya otros han convertido en éxito y desvirtuarlo. Siempre me ha parecido lo más triste de esta generación de películas post siglo XX. Y si haces una versión de algo, ornaméntala como quieras, pero el núcleo no lo toques aunque solo sea por respeto al original. Es que en esta versión... ¡La criatura es hasta guapa!

Esto no quiere decir que no tenga cosas buenas. Precisamente ese ornamento del que hablaba antes. La primera hora y media de película está muy bien. La estética está muy conseguida y cuidada, la torre es una pasada, los personajes tienen personalidad, casi todos, y en líneas generales la historia mantiene la tensión y un hilo argumental que sostiene al espectador ahí.

Pero después viene la última media hora, aproximadamente, donde ya se vomita toda la inmundicia buenista para edulcorar las emociones que con tanto esmero trata la obra, como son la inocencia, el rechazo, el odio, el rencor y la venganza. Absolutamente denunciable. De hecho, salí del cine pensando que quizás no es mala idea empezar a poner comisarías a la salida de los cines.

Y para terminar dos apuntes, uno que la película es autoexplicativa, esto no es un fallo puntual de esta cinta, si no una tendencia generacional preocupante. No basta con mostrar una serie de escenas y situaciones para expresar algo en imágenes o palabras para que el espectador se haga su propia idea de lo que ha visto (lo que viene siendo cine), por si no queda claro del todo siempre introducen un personaje que tiene que decir exactamente lo que el director quiere que el espectador piense, como para que no haya lugar a dudas, como para que el adoctrinamiento sea completo. Solo falta que el acomodador te de con una regla en la mamo si al final de la película no has entendido que el monstruo es el Doctor y no la criatura. Y dos, el infantiloide personaje de Elizabeth (Mia Goth), que desde el minuto uno nos lo presentan como alguien muy inteligente y que, a pesar de los esfuerzos del guion para que lo parezca, acaba siendo una tía insoportable que camufla su moralina egocentrista yendo de buena y con una profundidad emocional más plana una lata de anchoas.

En resumen, una mierda como un piano. Eso sí, la estética mola bastante.

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