El género de terror, tan popular en los 80’s y 90’s, ha ido poco a poco perdiendo punch con el paso de los años. Quizás porque ya lo hemos visto todo, quizás porque al tener más medios de comunicación y redes sociales conocemos mejor los horrores de la vida real o quizás por la sobreprotección a los más pequeños y el auge de la corrección política.
En cualquier caso, The Haunting of Hill House trata de ser un soplo de aire fresco, con viejas historias de casas encantadas, pero con un formato popular hoy en día. ¿Lo consigue…? a medias.
Hay una diferencia abrumadora entre los primeros capítulos y los últimos. La presentación de los personajes y la casa realmente engancha. Con constantes flashbacks que nos van puliendo la personalidad de cada uno y las vivencias que han ayudado a forjarla. Llega a su cenit con todo un capítulo rodado íntegramente en plano secuencia, que sin llegar a ser una obra maestra (los actores flojean un poco), al menos, deja de manifiesto las ganas, el interés y la calidad puesta en la dirección de la serie.
Llegado a este punto culmen comienza el desenlace y, con él, la pérdida paulatina de interés. Transforma un escenario bien trabajado sobre el terror psicológico, la intriga fantasmal, la solidez de los personajes y un logrado caserón terrorífico, en un pastelón del más allá con espíritus hechos de algodón de azúcar.
En resumen, una buena miniserie, de un género que echaba de menos, que se desinfla al final. No es una razón para no verla, pero sí para mantener una expectativa coherente.

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